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jueves, 25 de junio de 2015

Aquellos maravillosos campos...

Opinión: 
No, hoy tampoco estoy melancólico, bucólico, irónico, locuaz, triste, amargado, o algo, solo que tengo que martirizaros de vez en cuando y bueno, si sale esto, pues sale, si no sale, pues lo borro.

El caso es que estaba entretenido con una mosca y pensé, pues ¿por qué no hablo sobre aquellos maravillosos campos?

Os explicaré de qué va el tema:

A campos me refiero a cuando íbamos por ahí de acampada (pero no con tiendas de campaña ni niñitos pijos de esos, nosotros, como buenos legionarios sin serlo, pues de cama el suelo y te techo el cielo, de música el sonido de los lobos masticando ovejas y los cascabeles de las culebras de escalera tocando como si de Antonio Machín se tratase).

Y punto.

De comida lo que hubiera por ahí que no nos comiese a nosotros antes y de bebida el agua que quedaba en las pisadas de las vacas cuando llovía.
De médico el más carnicero de nosotros (el que se desmayase menos veces al ver sangre), que supiera coser en punto de cruz (o similar), de cocinero pues uno que se parecía a Arguiñano (no en cocinar sino en la cara), de pescador el único que sabía nadar (o que era capaz de mojarse un poco los tobillos, lo demás ya era que los peces se salieran del agua bajo peligro de morir intoxicados por los efluvios de sus calcetines), de leñador y al cargo de la hoguera el más pirómano del grupo (es decir, el único que fumaba por entonces) y bueno, que no nos faltaba de nada.

Tampoco hacía falta que fuésemos a los ríos, aunque era el mejor sitio.
Recuerdo un día en el que a uno se le ocurrió la feliz idea de esconder entre los juncos todas las cervezas y va otro y se lía a tirar piedras a los patos. Mala idea esa de esconder las cervezas, resultó un campo muy poco risueño os debo de decir.

Pero ya os dije que no hacían falta ríos para echar campos, ni para que no hubiese anécdotas.

No se lo digáis a nadie pero hace muchos, muchos años, hubo gente indómita que se subió a unos tejados por la noche a coger gorriones y al volver para bajar, el último llevaba la linterna, se le salieron las pilas y cayeron al suelo y los demás ya abajo escuchando, socorrooooooo, socorrrooooooooo, que me matooooooo, así media hora.
Ya me cansé de escuchar e, intrigado por la potencia de voz del tiparraco, le dije. Tírate, si te cogemos y nada, que dice que se va a matar y tal.

Voy, le agarro del tobillo y le digo. Anda, suéltate de la antena, si estás casi en el suelo, leches, serás miedica.

Era noche cerrada, no se veía un burro a tres pasos pero eso no le exime de tener más miedo que 7 viejas y de falta de orientación.

En fin, el típico campo que hacemos de okupas en un viejo almacén de herramientas al lado de un embalse y como uno estuvo muy pesado toda la noche (y prometía seguir tonteando) pues aproveché que dijo que se acostaba en una especie de pesebre de obra. Hice como Vickie el Vikingo y aproveché mi momento.
Saqué la puerta de chapa del almacén y se la puse de tapadera pero no terminé ahí la cosa, le puse unos trozos grandes de hormigón que había por ahí encima.

Dormimos esa noche con musiquita tipo pum pum pum pum, cabr...........................nes, durmió después, he de reconocer.

El típico campo al lado del río en el que eran ya las 4 de la tarde y habíamos comido algo (qué raro en nosotros) y llega mi primo y nada más bajarse del coche dice.  Tenemos hambre, Edu, hazme algo.

Edu le dijo. Háztelo tú.

Mi primo renegando, cabreado, intentó hacerse unos huevos fritos.
En lo único que acertó fue en los huevos, por lo menos sabía cómo eran (mi primo es de esos que nunca vieron lo de dentro de la nevera, nunca fueron a comprar comida, se cree que la comida crece en las casas y todo eso), el caso es que cuando vimos cómo iba armado mi primo para sus huevos fritos, Edu y yo nos miramos y nos partimos de risa.

Mi primo, todo mosqueado y preguntándose de qué leches se ríen estos dos, estarán pedos ya, sigue con lo suyo.

Le dijimos qué era una sartén y que la tenía que poner con lo plano para abajo.

Coge la botella y el sonido fino característico de lo que sale por un pitorrillo o agujerito muy fino, señal inequívoca de que lo que hay dentro es mejor echar muy poco.
No era el típico glug, blug, glug del aceite, os tengo que confesar, sino una especie de fiiiiiffffffffff fiffffffffffffffffff.

Y Edu y yo partiéndonos de risa, mi primo mirándonos mosqueado.

Al final, ¿de qué os reís gilipo.......................ssssssssssssssss.

Que le estás echando vinagre en vez de aceite espabilaoooooooooo.

Del rebote que se cogió, tiró la caja de huevos al medio del río, la sartén y se largó para el pueblo con el coche, no le volvimos a ver. Se llevó también su plástico, su venganza fue buena, esa noche llovió y no poco, jejeje.
Pero nos reímos mucho.

O cuando otro se puso muy pesao y se puso a colgar a otro de los pies en los eucaliptos, al final otro se aburrió y le encajó la guitarra flamenca en la cabeza (sí, como en las películas).

Otro que decía que los de la legión no valía para nada y se lió una manta. NO contento con eso, se lo tomó tan a pecho que se piró por el monte al pueblo.
El Tempranillo le llamamos desde entonces.

Dos o tres más que se saltan una valla (en esos tiempos el campo era de todos, el público, el privado y el de Aznar si se ponía tonto) en pleno septiembre, ya escarchando para darse un baño en la piscina que habían visto.

Baño de hojas y lodo sí que tenían cuando salieron, vaya que sí, y la nariz arañada uno por tirarse al agua sin haber agua.

En fin, qué os voy a contar, hasta himno y procesiones teníamos en Semana Santa.
Sí, no es broma.

Cogíamos a uno y lo llevábamos en parihuelas como a los emperadores romanos, le poníamos una capucha y le dábamos una cruz de madera y ale, a los otros campos a "dar por saco", también para gorronearles de lo que tuviesen a mano.

Pero claro, el tema es que nadie conociese a nuestro Jesucristo particular y para ello, no debía abrir la boca porque su tono de voz es muy característico y le iban a pillar enseguida.

Teníamos a todos intrigados cuando el amiguete rompió la regla número uno, como todos los años...
Sin hablar la gente está más guapa y todo pero a algunos no les importa eso.

No se me ocurre nada más, aunque hay muchísimas, varias por campo que echábamos pero mi memoria es muy escasa y hace tanto de eso...

Y con esto os quiero decir y sugerir, que me contéis alguna vuestra si puede ser, y si no, pues dos.

¿Qué os parece el panorama?

Pues venga, seguro que tenéis muy divertidas.

Saludetesssssss.

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