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jueves, 25 de septiembre de 2014

Tamara. La salvadora de los dragones. 4.

Opinión: 
Todo parecía tranquilo en el pequeño pueblo de Indalecy City pero, en el fondo, se intuía algo que haría desaparecer la aparente paz de ese remoto pueblo perdido en algún lugar.

Ese pueblo era el elegido por la familia draconiana, compuesta por papá dragón, mamá dragona y 218 dragoncillos que aún no conseguían sacar ni una pequeña llama de sus estómagos (ni siquiera comiendo de la abundante cayena que había sembrada por allí por ellos).

Pero bueno, ¿quién podría pensar que una simple llama pudiera ser tan importante?
Ya existían los encendedores, las cerillas, los lanzallamas, claro está.
Pero ese no era el problema, el problema es que para que los dragones pudieran seguir siendo dragones debían de echar llamas.

Mamá dragona estaba muy preocupada y gruñía mucho a papá dragón.
También le decía que tendrían que llamar a Anteapos,  el dragón que les había devuelto la libertad y también la reconciliación con el género humano.

Aunque estos dragones eran básicamente dragones sencillos, dragones salvajes, se debían a la rutina draconiana. Dicha rutina se basaba en el respeto a la jerarquía y a pedir ayuda cuando lo necesitasen al dragón más indicado.

Eso básicamente era lo que se les exigía a los dragones salvajes, aparte de que no fueran por ahí comiéndose humanos o sus rebaños. Tal vez alguno de vez en cuando (rebaño, quiero decir...).

Los dragones salvajes no eran telépatas, es más, no tenían prácticamente poderes (si a no tener poder se le puede llamar a que eran 4 veces más grandes y fuertes que un dragón mágico o que sus llamas fueran capaces de hacer funcionar sin parar a las centrales térmicas sin ningún esfuerzo aparente para ellos), así que Porentor fue a buscar a Anteapos a la ciudad base, donde tenían la sede los dragones mágicos y vivía la legendaria amiga de dragones, Tamara.

Una cosa es acostumbrarse a ver dragones de colores y simpáticos, que hablaban de cualquier cosa con quien se los cruzase por la ciudad y otra muy diferente es encontrarse con un dragón salvaje del tamaño de dos elefantes erguidos.

El pánico, claro está, surgió en la ciudad. Un poco de pánico tal vez pero lo suficiente para que Anteapos lo presintiera y se dirigiese al foco de la perturbación, no sin antes recoger a Tamara que, en esos momentos estaba gruñendo a uno de sus alumnos por tirar de las coletas a una pecosa y pelirroja niña pija.

Allí se dirigieron, ella en su coche y Anteapos, en su forma humana de Dany, de copiloto con ella.
Todavía él no había aprendido a conducir, más que nada porque muchas veces confundía la derecha con la izquierda y los colores.
-Son fallos de la metamorfosis al convertirme en humano- se disculpaba él.
-No pasa nada, prefiero conducir yo, tú bastante tienes con no desorientarte cuando vuelas y acabar en algún volcán.

Anteapos se relamía al escuchar aquello y dijo.

-Ojalá. Hace siglos que no me doy un baño de lava.

Tamara sintió un pequeño escalofrío.

-Soy un dragón, amiga mía. No hay nada más reconfortante para un dragón que el calorcito.
-Ya, comprendo- dijo ella.
-¿Me das un trocito de ese helado que estás comiendo?- pidió él.
-Si es que lo quieres todo, que si volcanes, que si frío... -protestó ella en broma.
-Tengo el metabolismo muy acelerado, me comería hasta este coche.
-Quieto, deja mi coche en paz, que aún lo estoy pagando.
-Está bien pero dame helado, ¿no?

Ella se lo dio pero porque era su amigo, no por si se comía su coche, cosa de la que estaba segura que era capaz ya que un día le vio comerse media cosechadora que había en un desguace y que el dueño le regaló tras ahuyentarle un bando de buitres carroñeros.

-Ah, ya sé cuál es el problema- dijo de repente Anteapos-Dany.
-¿Que va a llover? Sí, la verdad es que no dieron hubes ni agua hoy por aquí y de repente se lía a llover y se pone oscuro- contestó Tamara.
-Uhmm, lo de oscuro es que tenemos un dragón salvaje sobrevolándonos- contestó Anteapos-, y lo de la lluvia, no me lo quieres preguntar.
-¿Cómo que no te lo quiero preguntar?- se sorprendió ella.
-No, mejor no me lo preguntes pero supongo que no creerás que los dragones no tenemos necesidades fisiológicas...
-¿Pretendes decirme que esto no es agua?- preguntó Tamara alarmada.
-Dejémoslo en que es agua "reciclada".
-Aggg, mi coche nuevooooooo.
-No te preocupes, no es corrosivo. Imagina que nos sobrevoló un bando de miles de grullas y todas se pusieron a "eso" a la vez encima de tu coche.
-Bonita manera de decirlo, sí señor.
-Bah, solo es un coche, veamos qué le pasa a Porentor.
-¿Conoces a ese dragón salvaje?
-No pero a su bisabuelo, abuelo y padre, sí y este es idéntico a ellos. Los dragones salvajes crecen muy rápido y se reproducen muy rápido pero son simples clones, cada familia es idéntica. Siempre es así la cosa, no te sorprendas.
-No, si ya poco me sorprende de vuestro mundo.
-A mí, sin embargo, nunca dejáis de hacerlo.

Anteapos se puso en contacto con Porentor lanzando una pequeña llama para indicarle que era un dragón. Esa llama era única en cada dragón mágico y era su identificación, por lo que Porentor supo con quién había topado y que había llegado a su destino.

Porentor explicó su problema a Anteapos y a Tamara.
Les explicó que ninguno de sus dragoncitos era capaz de lanzar una llama y que se negaban a volar y aterrorizar los rebaños, que le pedían les asase la carne cazada porque no la querían cruda.

-Así, sin verlo, no sé cuál puede ser la causa del retraso en las llamas y en el vuelo de tus pequeños, hemos de ir a testearlo in situ- comentó Anteapos pero Tamara no parecía muy dispuesta.
-Yo tengo muchas cosas que hacer, si me disculpáis...
-Como amiga y defensora de los dragones deberías de venir y así conoces más sobre los dragones salvajes- dijo Anteapos.
-Mis pequeñines estarían encantados de verte ya que son muy admiradores tuyos.

Tamara no se imaginaba siendo la famosa de moda de una familia de dragoncillos salvajes pero ¿cómo rechazar esa oferta? No todos los días podía ir uno a ver a sus fans, aunque fuesen cientos de pequeños dragones salvajes de 3 metros de alto y 7 de largo.

-Dejaremos el coche aquí y ya te llevo yo en mis losmos- propuso Anteapos-. Cuando quieras Porentor, te seguimos.

Porentor inició el vuelo hacia su pequeño y olvidado pueblo.
Tardaron 4 horas en llegar y Tamara tenía frío, aunque no mucho. Tal vez fuesen los nervios al tener que ver a toda una familia de dragones salvajes en su salsa.

Y los vio, vaya que si los vio. Allí estaban, prácticamente en formación esperándolos.
Una especie de gruñidos como de mil locomotoras de vapor a la vez les dio la bienvenida, Anteapos cubrió mentalmente los oídos de Tamara de esos ruidos porque si no, hubiera quedado sorda de por vida en dos segundos.

Aterrizaron en una explanada y se dirigieron hacia el pequeño batallón de "dragoncillos".

-A ver pequeñiñes, dad una llama a papi- pidió Porentor.

Los pequeños hiceron una especie de risitas intempestivas pero ni una llama salió de sus gargantas.

Anteapos asintió.

-Volad un poco para papi- volvió a pedir su padre y su madre les lanzó una llamarada de aviso para que lo hicieran pero nada ocurrió, no se movieron del sitio.

-Es como si estuviesen sordos o como si algo les hiciera no ser dragones, alguna especie de brujería. Tú debes saber de estas cosas Anteapos, tal vez Larinas sigue presente o ha vuelto.
-No, de eso puedes estar seguro. Me temo que se trata de algo más peligroso- informó Anteapos.
-¿Más peligroso que Larinas? Estamos perdidos entonces.

Tamara también se inquietó pero vio que Anteapos no estaba muy serio, tal vez demasiado poco serio.

-Tienes unos hijos muy modernos. Algunos tienen un pendiente, otros, dos y otros, varios. También veo algunas dragonas que se han hecho una especie de zapatos y mini falda dragonera.
-Bueno, tú ya sabes que los tiempos cambian pero son buenos dragones, tú ya has conocido a mi familia, todos somos rectos y buenos trabajadores.
-De ello no me cabe la menor duda pero me pregunto de dónde habrán sacado esas tendencias tus hijos, incluso veo que uno se hizo una especie de balón de fútbol.
-Sí, es que nos gusta mucho ese tonto deporte humano- se disculpó Porentor.
-Ah. Esto... ¿Dónde habéis visto ese tonto deporte humano?- inquirió Anteapos.
-En esta fábrica abandonada antes vivían personas y se dejaron parte de sus cosas al huír de Larinas y como hay electricidad siempre, aprovechamos que se dejaron una de esas tontas cosas humanas de las cuales no dejan de salir cosas y hablar la gente.

A lo lejos se escuchó la melodía de Juego de Tronos canturreada por varios de los dragoncillos mientras otro corrillo comentaba quién ganaría Gran Hermano esta última edición.

-Tengo la solución pero de tu mano está que tus hijos lancen llamas y vuelen o no. Te puede costar un disgusto con ellos, aunque supongo solamente será durante un pequeño tiempo.
-Correría ese riesgo, todo sea por el buen nombre de la familia. Miles de años hemos estado lanzando llamas sin parar, ahora mismo estoy siendo la deshonra de mis antepasados.

Tamara ya había cogido por dónde iban los tiros y ya sabía lo que Anteapos propondría como solución y más ahora, que había varios dragones que estaban haciendo como una especie de Sálvame.

-Sin dudarlo, tienes que hacer lo que te diga Anteapos, es más, te lo pido por favor. Hazlo.
-Me estáis preocupando. ¿Qué gran sacrificio he de hacer?
-Destruye las televisiones. Ese es el mal de tus hijos. Ese es su embrujamiento- dijo secamente Anteapos.

Porentor parecía que iba a protestar pero lanzó una gran llamarada que entró por una puerta de la fábrica y salió por todas las ventanas.
Varios dragoncillos salieron también diciendo.

-Yuuppppppppi. Queremos más papiiiiiiiiiiiiiiii.

Uno salió salió diciendo.

-Papi malo, rompió caja tonta de los humanos con sus llamas.

Uno de los que parodiaban el Sálvame se enfureció y gruño tanto que al final le salió una pequeña llama de la garganta.
Los otros le miraron asombrados y rompieron a reír con tantas ganas que les empezaron a salir llamitas.
Otros, al ver que sus hermanos lanzaban las llamitas, sin darse cuenta, daban pequeños vuelos de alegría.

Ahora todo parecía en su sitio en el pueblecito draconiano de Porentor y familia. Ya se podían marchar Anteapos y Tamara.

Así lo iban a hacer cuando los paró Porentor.

-Esperad, falta mi pago por el servicio prestado.
-Nosotros no cobramos nada por ayudar- dijo Tamara altruistamente y feliz por ver a los dragoncillos hacer de dragoncillos por fin.
-Ejemmm... -tosió Anteapos-. Me permití pedir un pequeño pago por nuestros servicios.
-¿Por qué?
-Es que, siendo el día que es y habiéndoseme olvidado lo que este día representa para ti, no tuve tiempo de buscarte alguna cosa, así que, sabiendo que Porentor es buen artista o alguno de sus hijos al ver esos bonitos pendientes que se han hecho, crei que podía hacerte algunos pero son demasiado pequeños para sus manazas.
-Sí, así es pero esperad un minuto- pidió Porentor, alejándose volando hacia una montaña.

Y esperaron.
Ni un minuto tardó en volver el gran dragón salvaje. Llevaba algo entre sus garras.

-Tengo una afición que viene de familia, tallamos y pulimos el diamante con nuestras uñas y llamas. Este es mi pequeño presente y recompensa para vosotros.

Anteapos recogió de las garras el objeto y hasta él se maravilló.
Ante sus ojos había una estatuilla que parecía un fiel reflejo de Tamara.
Ningún humano, fuera lo artista que fuera podría hacer ese trabajo tan fino. Tampoco se podía, según los medios humanos de colorear el diamante de tal manera que parecía una muñeca idéntica pero en pequeñito a Tamara.

Ella estaba sin palabras, era algo inaudito y de gran belleza. Un trabajo finísimo. Pensó que los dragones salvajes no eran tan salvajes, a pesar de todo.

Sin darse cuenta, Anteapos se había alejado de ella y había organizado algo con los dragoncillos.





Y bueno, este que aquí rebuzna escribiendo solo ha podido hacerte este humilde regalo.
Ya sé que no es como los anteriores, no tengo imaginancia últimamente y estoy demasiado metido en mí mismo, tanto que doy poco para los demás y me guardo lo poquito que me queda para mí. No me gusta pero de momento es lo que hay, a ver si puedo ir trolleándoos más, como me gusta, me encanta y me divierte hacer :). Todo se andará pitufina.

Lo principal es que no se me olvidó tampoco este año celebrar tu día y hacerte mi regalo draconil.

Pásalo muy bien, cuídate mucho y un gran abrazo de este "pollito" y sus líos.


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