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martes, 10 de diciembre de 2013

Relato y tarjeta para el Reto de Navidad 2013 organizado por el blog Acompáñame.

Opinión: 
Bueno, tal como pasó en Halloween os abriré el camino de la imaginación para que perdáis el miedo a hacer cosas y participar en el Reto de Navidad que organiza el blog ACOMPÁÑAME.

Yo ya hice mis dos pequeños deberes, esos que se piden como requisito (no hace falta hacer los dos pero estará más divertido y entretenido si se hacen)

El primer deber era crear una tarjeta de felicitación y había dos opciones:
1-Hecha por nosotros mismos manualmente. 
2-Hecha mediante el ordenador.
En las dos, comentar en la primera los materiales y tal. En la segunda, el programa usado y si se quiere, algún comentario sobre el proceso en las dos.

Por mi parte, elegí la opción 1.

Se trata de una tarjeta de felicitación de goma eva.

Las medidas más o menos, son 17 cm de ancho por 11 de alto, lo que pasa es que con las tijeras que cortan ondulaciones, no hay lados rectos en la tarjeta como podréis ver y también veréis que no sé usarla bien pero bueno, lo intenté.

Ingredientes:
Goma eva de varios colores, incluso brillantes.
Rotulador fluorescente naranja para perfilar los bordes.
Rotulador rojo para las letras de felicitación.
Rotulador negro para perfilar las letras de la felicitación.
Tijeras onduladas.
Troqueladoras de ángel y de hojas.
Pegamento.

Creo que nada más y el fatal resultado fue este.



Y bueno, la segunda parte del reto es hacer un relato con un máximo de 2 hojas en Word y con la temática "aventuras de un perro en una cocina", jejeje, la temática ya tiene ingrediente suficiente para dejar volar la imaginación y bueno, hay que nombrar de pasada o de lleno algo sobre Navidad también, yo lo hice muy de pasada.

Mi relato se titula CANTIMPALO.

CANTIMPALO.

       Cantimpalo es mi perrito salchicha y me siento muy orgulloso de él, aunque hubo un tiempo en el que estuve a punto de perderle, y no por enfermedad precisamente, si no por su nombre y lo analfabeta que es alguna gente.
        Yo sí lo sé y Cantimpalo también.
¿Cómo se nos va a olvidar esa pequeña aventura que tuvimos hace un par de meses? Ni aunque fuesen un par de siglos.
Resulta que yo estaba buscando un espécimen de mariposa prehistórica, tengo la teoría de que puede estar emparentada con el Tiranosaurio Rex y también con los cocodrilos, aunque nadie me hace caso.
Estábamos en fechas mágicas, Navidad y todo eso pero a mí me da igual, y más en el Amazonas, a 50º a la sombra, como para pensar en polvorones y langostinos, más bien pensaba en evitar pirañas y serpientes de todo tipo.
Pero encontré mi buscada y deseada mariposa.
Sacando el cazamariposas que me compré en una tienda de los chinos por 0,74 € intenté darle caza, digo bien, intenté. El caso es que yo no fallé, la mariposa entró dentro del aro del cazamariposas pero, ay con el pero, la red se soltó de camino hacia ella por algún extraño motivo y al final, lo único que conseguí es emular al león de la Metro Goldwin Mayer, versión mariposa. Se me escapó, por si no lo habéis deducido aún. Pero no cejé en mi empeño y haciendo acopio de mis más entrenadas habilidades cazando moscas a mano, pegué un salto y la cogí. Ya lo sé, error, gran error, se me quedó pegado el pigmento en la mano y la mariposa en top less.
Pero tampoco eso fue lo malo, es que en el momento que cogía la mariposa, aparecieron 7 cabezas de indígenas todos llenos de plumas, aros, pendientes, tatuajes. No llevaban más ropaje que ese, también he de decir.
No pasa nada, yo no me asusto de ver cuerpos humanos desnudos, lo que asustaba verdaderamente era la pinta de indígenas que tenían esos indígenas.
Cuando me preparaba para correr emulando al mago de Mundodisco Rincewind, algo me paralizó.
     No huir tú, hombre blanco. Nosotros ser tribu hospitalaria. Tener radio en tribu y escuchar por las noches las palabras mágicas del hombre blanco.
Ni me moví pero sí me giré hacia ellos esperando que fuese alguna broma de cámara oculta. Pero no, todos estaban muy serios y no sé ni cómo, a mi lado ya.
     Tú venir con nosotros y darnos pilas para radio. Ser el único tributo que nosotros pedir a cada hombre blanco que pasa por nuestras tierras.
A todo esto, Cantimpalo, que había estado entretenido intentando cazar algo para mí, regresó y al ver a los indígenas, empezó a ladrarles y ellos parecían más asustados que él, creo que jamás habían visto un perro, o por lo menos, uno salchicha.
     Quieto Cantimpalo, son amigos, no les muerdas –dije para intentar calmar a los indígenas. Tal vez estaban creyendo que se hallaban ante algún Dios o algo.
Los indígenas, no sé por qué motivo, al escucharme hablar con el perro, se precipitaron hacia él y uno le cogió entre sus brazos, echando a correr rápidamente y los demás detrás. Yo también los seguí, era mi perrito. Estos indígenas cuando toman a algo por Dios, no tienen control de sí mismos rindiéndoles homenaje y todo eso.
Al cabo de un rato de persecución entre ramajes y follajes, llegamos a un claro en la selva y allí se encontraba un pequeño poblado todo lleno de indígenas.
Escuché al que llevaba el perro decir con su acento amazónico.
     Cantimpalo, Cantimpalo, Cantimpalooooo.
Todos los indígenas rodearon al poseedor de mi perrito y uno le indicó una choza un poco más grande de lo normal allí, hasta tenía una chimenea. El indígena entró con Cantimpalo en brazos y yo detrás, los otros se quedaron en la puerta.
Allí la cosa parecía más moderna, había una mujer muy gorda con algo en la cabeza, removiendo una gran olla en una hoguera. Deduje que estábamos en una gran cocina y ella era la cocinera del poblado, al ver al indígena con el perro en brazos le miró interrogante.
     Un Cantimpalo, un Cantimpalo, un Cantimpaloooooo –gritó alborozado el indígena, subiendo y bajando a mi perrito entre sus brazos, yo no entendía nada.
La indígena cocinera pareció comprender y se dirigió a un radiocasete que había en una repisa, me señaló con un dedo y me dijo.
     ¿Traer pilas?
Yo, cuando salí de mi tontería evidente, introduje las manos en mi mochila y extraje mi máquina de afeitar a pilas, un radio cd y mi cámara de fotos, también a pilas, saqué todas y se las mostré, ella eligió 4 de las más finas y se las puso al radio casete de manera profesional, suspiró cuando terminó y le dio al Play.
Empezó una melodía que me sonaba y al poco, unos niños cantaban eso de:
     “Queremos, queremos, chorizo de Cantimpalo. Queremos, queremos, chorizo de Cantimpalo”.
Así todo el rato, ya sabía de qué se trataba la canción y, por desgracia para Cantimpalo, los indígenas sabían lo que era un chorizo pero no de qué se hacían. Se habían guiado por el nombre del perrito y lo asociaron con esa comida. Me temí lo peor para Cantimpalo y tal vez para mí, así que le puse las pilas a mi radio cd y elegí una canción que tenía en mp3. La del anuncio de la Lotería de Navidad.
Al principio, los indígenas no parecieron hacer caso de la música pero cuando empezaron a cantar, sus ojos se desorbitaron y se tiraron al suelo, como queriendo que la tierra se los tragase, momento que aprovechamos Cantimpalo y yo para salir pitando de allí como alma que lleva el diablo, siempre acompañados de la canción del anuncio de la Lotería y del nananana de Raphael.

Así es como ahora puedo estaros contando esto y así fue la aventura que casi da con los huesos de Cantimpalo en la olla de una cocina de una tribu perdida del Amazonas.

Y bueno, que ya está abierto el camino para que se os quite el miedo a participar.

Si alguien lo hace, me puede poner el enlace a su post en un comentario o ir al blog de origen http://podemos-juntos.blogspot.com y dejar allí en enlace del post que haya puesto en su blog, diciendo que participa en el Reto de Navidad.

Todos los relatos serán puestos en una recopilación que haremos y luego, tras ser maquetados, se podrán en descarga directa gratis para todos.

Un saludo y animaos, nos divertiremos.
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