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lunes, 9 de diciembre de 2013

9 diciembre del 2013

Opinión: 
Don Danilo de la Mancha y su escudero Aniceto llegaron a la casa de campo y se aseguraron de que no estuviese habitada.
La gente en estos tiempo no solía ser hospitalaria con los viajeros, tenían la costumbre de disparar primero el cartucho de sal y luego preguntar.

-No hay nadie dentro mi señor. Podemos hacer la noche aquí.
-Eso tengo que decirlo yo, tú eres el escudero y yo el caballero. ¿Comprendes?
-Comprendo señor. ¿Qué ordena usted?
-Como veo que no hay nadie dentro de la casa, creo conveniente entrar y tomarla como trofeo.
-Vale, ¿alguna idea para forzar la puerta?
-Solo tengo una, lánzate contra ella, seguro que la destrozas, estás muy gordo.

Aniceto miró con mala cara a su "jefe" pero se lanzó sin decir nada contra la puerta.

Nada, Aniceto rebotó hacia atrás pegando gritos y agarrándose el hombro.

-Estás flojo Aniceto, antes tumbabas puertas con el aliento.
-No exagere Don Danilo, eso era en otro cuento. Jamás abrí una puerta a empujones, siempre uso la manija.
-Es la modernidad, ahora todo tiene llaves. Esto es un sin vivir.
-¿Qué hacemos entonces? Yo no puedo darle otro golpe a la puerta, me duele el hombro, pruebe usted.
-No, no se hizo la violencia para el alma de caballero, es mejor usar el intelecto -contestó Don Danilo.
-Vale mi señor, pues a ver a quién llamamos para que lo use.
-Me refería a mí, melón. Soy inteligente, ¿sabes?
-Qué bien lo esconde usted.
-Eh, que te estoy oyendo. Ya tengo la solución.
-¿Cuál es? -se asombró Aniceto de lo rápido que había pensado Don Danilo.
-Es fácil, te subes por esa escalera al tejado, bajas por la chimenea a la casa y abres la puerta por dentro. ¿Ves? Pienso perfectamente.
-Todo bien, solo hay una pega.
-No puede tener pegas mi plan. ¿O sí?
-Una un poco grande, yo. Dígame usted cómo puedo entrar por esa chimenea tan angosta.

Don Danilo ojeó mejor la situación y sopesó la envergadura de Aniceto y el tamaño de la chimenea.

-Pues mi idea no era mala, la culpa la tienes tú por comer tanto.
-Su idea es válida pero si la aplicamos con usted.
-¿Conmigo? Yo soy la parte intelectual, a mí no se me aplican cosas.
-Pues habrá que buscar otra casa, lo malo es que ya es de noche y aúlla el lobo.
Don Danilo se dio cuenta de ello y también de que había multitud de ojos rojos a su alrededor.
-Dime tu idea, corre.
-Que suba usted, pase usted por la chimenea y que abra la puerta antes de que nos coman los lobos.

Antes de acabar de decir eso, Don Danilo estaba en el tejado y, sin perder tiempo, bajó por la chimenea.
Dos pares de ojos estaban ya a la altura de Aniceto cuando se escuchó el click de la puerta y esta se abrió un poco.
-¿Estás vivo, amigo Aniceto?
-Si no me deja entrar, no lo estaré por mucho tiempo -dijo Aniceto, lanzándose en plancha hacia la entrada y contorneándose en el aire, con un pie cerró la puerta y echó el pestillo. Dos fuertes Clock Clock sonaron contra la puerta pero esta era resistente, si aguantó el embite de Aniceto, podría aguantar el embite de 100 lobos.

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