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lunes, 23 de diciembre de 2013

23 diciembre del 2013

Opinión: 
Tras su fracaso como conductores de vehículos diabólicos (un viejo cortacésped), Don Danilo de la Mancha y su escudero Aniceto, siguieron su deambular errante sin destino cierto.

-A ver Aniceto, ¿tú te acuerdas de esa vez que nos dijeron que todo lo que se viera en el horizonte nos pertenecía?
-Pues no señor, no recuerdo.
-Ni yo pero debería existir algo así, seríamos ricos en tierras.
-¿A qué viene eso ahora señor?
-¿No ves, amigo Aniceto, que desde aquí se alcanza tal visión de terreno que parece no tener fin?
-Bueno ya, ¿y?
-Que deberíamos conquistarlo para nuestra bandera.
-No tenemos.
-Todo te lo tomas literalmente, haremos una bandera.
-Vale, toda conquista implica luego una defensa. ¿Lo sabe el señor?
-Claro, tú defenderás estas tierras con tu vida. Te nombraré mi General en jefe.
-¿Cobraré igual que ahora?
-Cobrarás el doble que ahora.

Aniceto empezó a echar cuentas...

"-El doble de cero es..." Pero es que él nunca fue buen matemático, aunque algo le decía que no era buen trato.
-Bueno señor, me gustaría empezar a cobrar antes de que me ascienda. Uno quiere tener familia y todas esas cosas.
-Eso está muy bien, amigo Aniceto. Has tenido una buena idea. Te venderé un terreno de lo que conquistemos y allí vivirás con tu familia, pagarás tus impuestos y me servirás. También tus hijos y tus nietos. Ten muchos y así tendremos pronto un gran ejército y muchos sirvientes.

Aniceto empezó a pensar que tal vez sería mejor no casarse ni ascender tan pronto.
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