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sábado, 21 de diciembre de 2013

21 diciembre del 2013

Opinión: 
Las aventuras de Don Danilo de la Mancha y su escudero Aniceto, nacieron una tarde de finales de Octubre, mientras pensaba en qué poner para las noches de Diciembre ya que no tenía a mano ningún relato que poneros, así que disculpad por el atraco que os estoy dando con estos dos. Tened en cuenta que esto se hizo en un par de horas, mientras aguantaba a mi madre echándole la bronca a los de Tiempos Revueltos.

Sigamos, estábamos conque nuestros amigos iban de un lado para otro, según quisiera la máquina, subidos en ella.
El caso es que el antiguo campo de golf, ya  casi comido de malas hierbas, se estaba quedando como nuevo gracias al desvelo y el buen hacer de la pareja.

-Maldita sea, cómo me gusta cabalgar en esto, amigo Aniceto.
-No se me ciegue, mi señor caballero, para mí que este artilugio tiene vida propia.
-Me da igual, el caso es que nos lleva -dijo Don Danilo.
-Y nos trae, porque vamos otra vez hacia el precipicio -avisó el pobre escudero mientras intentaba rectificar la marcha moviendo todo lo que había a mano.
-Yo creo, amigo Aniceto, que el precipicio es también propiedad del demonio y este bicho se siente atraído por él. Dómalo y dominarás el mundo.
-Como no giremos en unos segundos, creo que el mundo será un problema menos para nosotros.

Pero, no se sabe cómo, Aniceto dio otra vez con la solución para girar el aparato y se alejaron de nuevo del barranco.

-Dios está controlando al maldito bicho este, menos mal -se santiguó como pudo Don Danilo.
-No sé si Dios o la Virgen pero el caso es que ahora tenemos otro problema.
-Bah, esto sabrá nadar también, no menosprecies a las creaciones del Diablo.
-Sí, espero que sepa nadar porque lo que soy yo...
-No, yo tampoco sé -dijo ahora, un poco preocupado Don Danilo.
-¿Saltamos? -preguntó Aniceto, con un poco de miedo.
-Saltemos -dijo Don Danilo en el aire ya porque se había soltado de la chepa de Aniceto.

El escudero creyó recordar algo que vio en la televisión una vez sobre "las ratas son las primeras en abandonar el barco...", pero no estaba muy seguro.

Aniceto también saltó, aunque cayó en la orilla del lago.

La máquina entró a todo gas, parecía que iba a traspasar el lago ella solita pero enseguida empezó a hundirse, dejando una especie de lamento, un glu, glu, glu, con pequeña nube de vapor después.
Tras de eso, nada, silencio total y ojos como platos por parte de los dos compañeros de viaje.

-Mira cómo te has puesto Aniceto, me va a dar un poco de vergüenza ir contigo con esas pintas que llevas.

Aniceto bufó pero ofreció su chepa al caballero.
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