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miércoles, 11 de diciembre de 2013

11 diciembre del 2013

Opinión: 
Seguimos con las aventuras y desventuras de Don Danilo de la Mancha y Aniceto, su escudero y nos habíamos quedado en que encontraron cobijo para pasar la noche en una casa de campo.
Lo divertido del asunto es que estaba rodeada de lobos hambrientos.

-Gruuuuugshhhhhsssss.
-¿Qué ha sido eso? ¿Consiguió entrar algún lobo? -preguntó asustado por el ruido el buen caballero.
-Me temo señor que es peor que eso.
-Peor que eso no hay nada, los lobos nos comerán crudos.
-Para mí es peor tener hambre que que me coma un lobo, tenga en cuenta que muerto no sufres nada.
-¿Quieres decir que...?
-Si, quiero decir que ese ruido fueron mis tripas.
-No, te preguntaba si no tienes miedo a la muerte.
-Yo sí, de hecho estoy muerto. De hambre.
-Oye, no me mires así, parece que me quieres comer.
-No señor, no me gustan los huesos. Es que estoy viendo que tras usted hay un trozo de pan.

Don Danilo de la Mancha se giró rápidamente y cogió el pan antes que llegase Aniceto.
Sin pensárselo dos veces, le pegó un bocado.

-AUUUUUUUUUUUUUAAaaaaaaaauuuuuuuuuuu -fueron sus palabras-. Me rompí un diente, qué duro está.

Al mismo tiempo, fuera de la casa de campo, sonaron como chillidos de miedo, muchos chillidos de miedo y como trotes alejándose.

-Qué bien aulla mi señor, los lobos se han asustado.
-Qué bien pero ahora, ¿para qué queremos este trozo de piedra llamado pan? -dicho esto, lo tiró contra el suelo, se partió en trocitos el pan duro.
-Ya lo sé, estoy viendo unos pimientos, unos ajos, aceite también veo ahí escondido, poco es pero podemos improvisar unas migas. Pobres pero migas.

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