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sábado, 12 de octubre de 2013

Ateo de amor 3. Encrucijada 86

Opinión: 
 Encrucijada 86

Silvia miró hacia Mateo. Le vio, no furioso o celoso, como triste o enfermo.
Tal vez la noche anterior hubiese estado de juerga y ahora le daba el bajón.
Tal vez hubiese vuelto a los viejos tiempos y en realidad era lo que su madre decía.
La cabra tirando para el monte.
Mateo se sentía enfermo pero enfermo de amor, o más bien, de celos.
Jaime era como un sol radiante que iluminaba todo a su alrededor y ahora iluminaba a Silvia, sentía envidia también de él porque se podía acercar a ella sin que nadie se enfadase, sin que dijesen nada en su contra.
Tenía pinta de ligón, de buscavidas pero ahí estaba, al lado de Silvia, hablando entretenidamente con ella y encima, para más inri, le había llevado su madre hacia ella.
Y a él le odiaba.
Mateo pensaba en irse de nuevo y tirar la toalla, no era justo para Silvia que él se encabezonase con ella, tal vez ahora estuviese la cosa como debía de estar. Ella era joven y Jaime también.
Lo mismo era mejor retirarse y dejar que la vida siguiera su curso. Ella necesitaba conocer gente y saber lo que quería.

¾    Me voy a ir —le dijo a su amigo Ricardo, así, sin más.
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