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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Tamara, la amiga de los dragones. 3

Opinión: 



Tamara estaba en clase con sus alumnos.
Se sentía muy relajada en esas épocas del año y más que nada, también porque, afuera estaba su gran amigo Anteapos, humanamente conocido como Dany.
Desde que lo conoció, siempre estuvo a su lado, vigilándola, ayudándola.
La comunicación y compenetración entre Tamara y los dragones era mutua pero sobre todo con él, con su amigo, el que siempre velaba por ella.
De repente, le vino un pequeño dolor en la boca del estómago.
Problemas.



Anteapos lo percibió en la distancia, desde su vuelo. Él siempre sabía cómo estaba Tamara e intentaba estar al quite.
Era lo lógico, ella velaba por los dragones en la Tierra y ellos por ella. La humanidad estaba muy agradecida a Tamara y los gobiernos habían querido recompensarla con cuantiosas riquezas y propiedades pero ella dijo que lo que le hacía feliz eran sus alumnos, su colegio, sus amigos y los nuevos benefactores de la Tierra, los dragones.
Sonaron dos golpecitos en la puerta y la profesora fue a abrir.
Allí estaba él, siempre alerta.
       Hola Dany. ¿Qué te trae por aquí?
       ¿Estás bien? Noté algo raro y vine rápidamente.
       Bueno, no seas exagerado. No hace falta que por cualquier pequeña anomalía o dolorcillo tengas que morirte de preocupación.
       Tú y yo sabemos bien que esos dolorcillos, los que yo puedo percibir en ti, no tienen nada que ver con algo fisiológico —dijo él, no haciendo caso a lo que ella quería quitar importancia.
       ¿Crees que ella haya podido salir de donde se la envió el año pasado?
       La verdad es que no, Larinas no volverá, eso te lo aseguro pero esos dolores que te ocurren es que algo en el mundo draconiano está a punto de venir o suceder.
       ¿Pero qué? —se preocupó ella ahora—. Si no es Larinas, ¿qué puede ser? ¿Tenéis más dragones malvados?
       El dragón no es malvado o bueno, estamos más allá de todo eso. Larinas solo velaba por sus intereses, somos profundamente egoístas, recuérdalo.
       Tú no eres nada egoísta, eso también lo recuerdo siempre —sonrió ella.
       Bueno, tal vez sí lo sea. Tal vez estoy velando por mis propios intereses.
       Ja y voy yo y me lo creo. No lo eres y ya está. Me quedan dos horas de clase y luego saldré. Te invito a comer y hablamos del tema este. ¿Te parece?
       Jejeje, qué bien se te da echarme. Está bien, a las 3 estaré… Ejem, por aquí andaré.
       Ya, lo sé. Sé que me vigilas siempre. Lo que me preocupa es de si lo haces también cuando estoy en la ducha.


El dragón Anteapos-Dany, se puso rojo de vergüenza.
       En realidad no pero si te hace falta que alguien te frote la espalda, cuenta con ello.
       Anda, mira qué dragoncete más atrevido —le siguió pinchando Tamara.
       No, solo velo por ti.
       Ya, te comprendo —pero no se creyó eso, claro está—. Nos vemos luego y ya me explicarás si vigilas mis duchas o no.
       Bueno, no hace falta esperar a eso, no te espío, por supuesto.
       Vale, si era broma. Ya sé que tú no harías eso, eres un dragón, no te gustan las chicas.
       Tú sigue pinchándome y martirizándome. No quieras saber si mi parte humana opina de otra forma…
Ahora fue ella la que se puso roja.
       Venga, dejémonos de bobadas, luego hablamos.
       Eso, huye. Jejej —ahora fue él el que rió. Se había vengado—. Hasta luego profesora, hasta luego chicos —alzó la voz y los niños le despidieron al unísono. Dany les caía muy bien, siempre que venía les enseñaba trucos y cosas divertidas.
Pasaron las dos horas y tal como dijo, Tamara salió del colegio dispuesta a comer con Dany.
Ya no se asombraba al verlo aparecer como de la nada, a su lado. Él era así, una especie de fantasma protector y amistoso, era su Anteapos, su dragón.
Comieron prácticamente en silencio y cuando estaban con el café empezaron a charlar del tema que les tenía intrigados.
       Te volvió a dar, ¿verdad?
       ¿Cómo decirte que no si tú los sientes como yo? —suspiró ella. Había creído por un momento, que al ser este nuevo dolor muy sutil y pequeño, él tal vez ni lo hubiera notado pero claro, los dragones son más sensibles.
       Algo está sucediendo y no muy lejos de aquí. Tengo una especial predilección por un lugar en el que, cada vez que sobrevuelo, siento algo especial. Creo que de ahí vienen nuestros impulsos.
       Ah, y no me habías contado nada hasta hoy.
       No tengo derecho a preocuparte, tú tienes que hacer tu vida normal y yo velo por ello. Tan solo cuando te dan esos dolores o premoniciones es cuando te puedo implicar, antes no.
       Pero yo quiero conocer todo lo que te concierne y a los tuyos. Quiero saber más cosas de dragones.
       Sabes más de nosotros que la inmensa mayoría del mundo. ¿No te compensa eso?
       Pues no —respondió ella—. Quiero más.
       Me lo temía. Te propongo una cosa. Tú me invitas hoy a comer aquí y yo te invito pasado mañana, sábado a comer en un pueblecito cercano. ¿Qué me dices?
       Intuyo que ese pueblecito cercano es el lugar que te preocupa.
       No me preocupa exactamente, no es eso pero sí, tiene que ver. No particularmente el pueblecito sino algo cercano a él, muy cercano y que te gustaría conocer.
       Uy, ya me intrigaste. ¿Qué es?
       El sábado lo sabrás. ¿Esperarás?


       No.
       También me lo temía pero no te queda más remedio. Como te has enfurruñado, supongo que no te apetecerá tu porción de tarta…
       Oye chaval dragón. Ni se te ocurra tocar mi tarta. No hay dragón que me quite el placer de paladear estas delicias, amiguete… —hora se rió ella y se le quitó el enfurruñamiento.
       Bueno, debía intentarlo…
       ¿Sabes que eres un dragón muy goloso?
       Más bien mi parte humana lo es, por el metabolismo y todo eso.
       Tal vez yo tenga parte de dragón o algo, la verdad es que casi son más golosa que tú.
       Sin el casi…
       No te pases chaval.
       Paz profesora, al menos hasta pasado mañana.


Terminaron de comer y salieron del restaurante, ella encaminándose a su casa y él, pues no se sabe, a hacer cosas de dragones o más bien, a estar cerca de ella pero sin que se notase. Tamara sonrió. Era su dragón y eso le gustaba.
Se paró de repente, le había vuelto a dar un dolorcillo de nuevo, leve pero ella sabía que no era fisiológico, ni mucho menos. Era draconiano. Pensó en el lugar donde Dany la llevaría el sábado y se tranquilizó. No había nada mejor como afrontar los problemas desde su raíz.
Sábado a las 9 de la mañana. Dos suaves golpes en su puerta anunciaron que Dany estaba en la otra parte, esperando a que ella saliese.
Y así lo hizo rápidamente, no le gustaba hacer esperar.
       ¿Te desperté?
       Jejeje. ¿Bromeas? Si no he dormido en toda la noche pensando dónde me vas a llevar. Es lo que tiene que lo tengas en secreto. Luego estoy pensando todo el tiempo en ello.
       Bueno, si te lo llego a decir. ¿Hubieras dormido?
       La verdad es que no. Ya me conoces, los nervios de conocer sitios me quitan el sueño —sonrió ella, guiñándole un ojo.
       Cierto. Por eso, no pasa nada porque no te lo haya dicho.
       ¿Me lo dirás ahora?
       No.
       Serás borde…
       Tienes que ser más paciente profesora. Tú disfruta del viaje y del paisaje. Sube al coche.
Así lo hizo, le encantaba ir de copiloto a los sitios. Conociendo a Anteapos-Dany, sabía que le gustaría el lugar, aunque al pensar en que ese lugar podía ser motivo de problemas si era el origen de sus pinchazos en el estómago, la dejó algo preocupada.
Dany lo notó.
       Tranquila, no te preocupes antes de saber qué puede ser, es sábado, disfruta y deja las preocupaciones en la nevera.
       Mira, qué dragón más filósofo.
       Valemos para todo los dragones…
       ¿Estás seguro?
       Claro. Lo estoy.
Así siguieron todo el rato, bromeando y con risas.
De repente ella se quedó callada y le preguntó al poco tiempo.
       Oye Anteapos…
       Dime Tamy.
       Te tengo dicho que no me gusta me llamen Tamy.
       Vale Tamy. ¿Qué me querías preguntar?
       Pufffffffffff. Dragones… Te quería preguntar si tienes algo así como novia dragona o como hagáis vosotros.
       Pues no, soy un dragón peculiar, me he vinculado tanto contigo que las dragonas no quieren saber de mí en asuntos amorosos. Se podría decir que las repelo.
       Vaya, lo siento. ¿No estarán celosas?
       No, si estuvieran celosas te habrían comido.
Tamara se calló.
       Eso será broma, ¿no? —preguntó al rato.
       ¿Qué? Ah, no, no es broma.
Tamara no sabía si él estaba bromeando o no pero el caso es que tampoco tuvo tiempo de preguntarlo.
Algo apareció frente a ellos. Un pueblo pero no era el pueblo lo que impresionó a Tamara. Ya sabía por qué Dany no le había comentado nada y por qué sabía que le gustaría la sorpresa.
¡UN CASTILLO!



       Anda. ¿Qué castillo es este?
       Pues, en términos coloquiales y de situación, le dicen el Castillo de Belalcázar.
       Qué torre más grande tiene pero el castillo no parece muy grande.
       No, no es grandote pero su torre es una de las más grandes, unos 40 metros de altura y ya ves, impresiona hasta de lejos.
Ella iba a asentir pero notó otro pinchazo, esta vez lo notó con más fuerza.
Dany la miró y asintió.
       Presiento que hemos llegado casi a nuestro destino.
       Apostaría a que sí —dijo ella, con la mano aún en su barriga, masajeándosela.
       Aparcaré aquí e iremos a pie lo que resta del camino, no se puede acceder en vehículo ahí arriba.
       Está bien. Así estiraremos las piernas y la verdad, está muy cerca el castillo.
       Sí, unos 400 metros. Eso es un paseíllo.
       ¿A qué esperamos? —fue la primera que echó a andar, sabía que Dany la alcanzaría enseguida.
A medida que se acercaban, sentía más presión en su estómago, no era dolor dolor como cuando Larinas interfería con ella pero algo en las vibraciones le hizo pensar en la gran dragona malvada.
       ¿Estás seguro que Larinas no puede volver a esta dimensión?
       Completamente seguro. Ella está muy bien donde está y no lo cambiaría por este mundo.
       Ah, eso no me lo habías dicho.
       Tampoco me habías preguntado nunca más por ella y yo no te quería hacer revivir malos tiempos.
       Ya, tu protección y todo eso. Te pido una cosa, cuéntame todo. ¿De acuerdo?
       Está bien, lo haré.
Ella, en su interior, supo que no lo haría. Demasiado protector era su amigo dragón para su gusto pero eso también tenía su encanto. A veces.
       Ya hemos llegado. ¿Estás bien?
       Si te dijera que sí, mentiría pero tampoco es que esté mal del todo, solo un poco molesta e intrigada. Fatigada también y sobre todo, cabreada porque no me cuentas las cosas.
       Te cuento cosas.
       Sí pero las que te interesa contar.
       ¿Acaso no se hace así?
       Demasiado humano te estás volviendo, sí. Creo que me gustabas más como dragón.
       Mientes, se te ha notado, arrugaste la nariz —dijo él.
       A veces eres muy prepotente, amigo. Mucho.
       ¿Por ser sincero?
       Sobre todo por tu sinceridad.
       Bueno, yo no puedo mentir, lo sabes.
       Pero tampoco dices toda la verdad, escondes cosas.
       Soy un dragón, recuérdalo. Somos expertos en esconder cosas.
       Creí que eso solo se refería a tesoros robados a reyes y cosas así.


       Eso es en las películas, en realidad, a nosotros no nos gustan las joyas ni el oro.
       Otro mito draconiano caído, vaya por Dios.
       Lo siento, no fue mi intención.
       No te preocupes, sobreviviré a ello.
Se paró de repente, esta vez el dolor fue algo mayor.
Dany la miró pero ella dijo de seguir adelante, ya estaban en la puerta del Castillo, la torre imponía por su tamaño y grandeza.

       Hay algo aquí dentro, ¿verdad?
       Por supuesto, amiga, por supuesto.
       ¿Algo de lo que nos debamos preocupar?
       En un principio, no. No detecto ninguna amenaza. Tan solo algo familiar en el ambiente.
       Pero no sabes de qué se trata, ¿cierto? —preguntó de nuevo ella.
       Te mentiría si te digo que no lo sé. Más bien, es al contrario, lo que sospechaba ha sucedido.
Entraron en el castillo y estaba bastante oscuro, las vibraciones e impulsos en el estómago de Tamara cesaron.
       No sé si esto será bueno pero ya no noto nada —dijo ella.
       Ya no notarás, llegaste a él —dijo Anteapos enigmáticamente y mirando hacia un rincón de la estancia.
Algo brillaba, como un rojo fulgor iluminaba un poco ese rincón.
De repente, algo salió lanzado hacia Tamara, ni Anteapos pudo reaccionar a tiempo.
La chica se cayó de culo del gran impulso que recibió de…
¿Esa cosa?
¿Esa cosa le estaba lamiendo la cara?
¿Anteapos, conocido humanamente como Dany, se estaba partiendo de risa?
       Felicidades Tamara. Ha llegado un nuevo cumpleaños para ti y te quise regalar algo que nadie jamás ha podido tener como privilegio. Un dragón doméstico.
       Pero, vosotros sois domésticos, ¿no?
       Claro que no, somos civilizados pero salvajes en el fondo. Este tipo de dragón es un “primo hermano” nuestro, una especie “demasiado amistosa”, son tan pesados para nuestro gusto que no sabemos qué hacer con ellos. Así que los tenemos en otra dimensión. Vosotros sois diferentes, estáis acostumbrados a animales de este tipo. Incluso los hay más pesados que estos dragones.
Tamara estaba impresionada. La que había organizado Anteapos-Dany para sorprenderla.
       Pero. ¿Los pinchazos?
       Era yo, siento si te dolió alguno más que otro per… Ayy, ¿por qué me pegas?
       Me preocupaste, ¿sabes?
       Soy un dragón, no somos muy sutiles que digamos y bueno, pensé que la sorpresa te haría olvidar el susto.
       Casi me muero cuando vi a este “angelito” volar hacia mí.
       Te adoptó como amiga a la primera. Ya no se separará de ti mientras tú no le digas lo contrario.
       ¿Eso quiere decir que tú te irás? —dijo ella, alarmada.
       Ni mucho menos, yo soy tu protector y el dragoncito será tu mascota y por lo que veo, tú la de él. Ponle nombre, ¿no? Los humanos ponéis nombre a todo.
       Le llamaré Danylo.
       Veo cierto regodeo por tu parte con ese nombre. ¿Me equivoco?
       No, quiero que sepas que es en tu honor y que ya me pagarás el susto, ya.
       Tienes toda la vida para hacerlo pero te lo vuelvo a repetir.
       Ya verás, alguna bronca me quiere echar ahora —dijo ella.
       No, te repito FELIZ CUMPLEAÑOS TAMY.
       Que no me digas Tamy, lo odio.
       Vale TAMY. No te llamaré TAMY.
       Dragones… —dijo ella pero al momento se puso a jugar con ese dragoncillo juguetón.
Por cierto, no tenía escamas. Era peludito, como un peluche. Le gustaba su tacto y emitía una especie de ronroneo. Le calmaba ese sonido, Danylo dormiría en su habitación para relajarla con sus ronroneos, estaba decidido.


Y nada TAMY.

Que, otro año más, y van 3, te felicito los años con un relatillo de la casa y con castillos y dragones por medio.
Espero que te haya gustado.
Al año que viene nos leemos…

Un gran abrazo.



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