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martes, 17 de septiembre de 2013

Historia de... El exorcismo

Opinión: 
El exorcismo

La historia de los exorcismos es larguísima y no siempre ha sido laudable. Aquí sólo puede tratarse con la máxima brevedad. Parece ser que los exorcismos, de una u otra manera, se remontan hasta la más alta antigüedad. Los había, hace miles de años, en Egipto y Mesopotamia; de allí probablemente pasaron a los judíos. Pero fueron sobre todo los que encontramos en el Nuevo Testamento, como practicados por Jesucristo y los apóstoles, los que les han dado vigencia, algunas veces extraordinaria, hasta el presente.

En la concepción cristiana del mundo existen potencias benéficas y maléficas. La iglesia lucha contra estas potencias maléficas o malignas en todos los que las padecen de varios modos, y en particular por medio de los exorcismos. En sentido estricto, exorcismos son mandatos imperativos mediante la invocación del nombre de Dios o de Jesucristo, hechos por un ministro legítimo, para ahuyentar al demonio de aquel que está bajo su influjo directo. Los que así padecen se han llamado posesos o endemoniados, es decir, los que sufren de una acción hostil producida por un mal espíritu que acosa desde dentro a una persona. Las posesiones se han denominado también infestaciones. Se piensa que la persona poseída tiene dentro del cuerpo al demonio, o espíritu malo, el cual dirige muchos de sus actos y parte o gran parte de su conducta. Muchos autores también denominan obsesiones a las posesiones.

Los exorcismos pueden ser simples o solemnes.
El exorcismo simple se reza en el rito del bautismo.
El exorcismo solemne es un sacramental que sólo puede ser válidamente celebrado por un sacerdote con el permiso del Ordinario (obispo) del lugar. El obispo da permiso al sacerdote para cada caso o puede, con el permiso de la Santa Sede, formalmente otorgar a un sacerdote el oficio de exorcista. En ese caso el sacerdote está facultado para exorcizar y no necesita un permiso particular para cada caso.

Solo el exorcista con la debida licencia puede verificar la verdadera posesión diabólica. Es un proceso difícil en el que se deben descartar causas naturales.

Además, dependiendo del fin bueno o dañino para el cual las emplea, se podrá discernir si las siguientes producciones de la persona investigada, son dones de Dios, o signos de posesión:
El hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas.
Hacer presentes cosas distantes o escondidas.
Demostrar más fuerzas de lo normal.


Para la práctica del exorcismo es necesaria la autorización del obispo, que puede ser concedida vez por vez para cada caso específico o de manera general y permanente al sacerdote que ejerce el ministerio de exorcista en la diócesis.
Los sacerdotes de la Iglesia católica para la realización del exorcismo lo hacen bajo lo estipulado en el Ritual romano. Actualmente se debería utilizar la versión aprobada por el Sumo Pontífice en enero de 1999.

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