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jueves, 22 de agosto de 2013

Ateo de amor 3. Encrucijada 35

Opinión: 
Ateo de amor 3. Encrucijada 35


Ricardo no paraba de mirar a Catalina, se le había olvidado el objetivo que les había traído a casa de su hermana.
Catalina se dio cuenta y agarró la mano de Ricardo.
-        Que no me voy a romper, chico, deja de mirarme así, parezco un chimpancé del Zoo tan observada.
Ricardo salió de su ensimismamiento.
-        Está bien, es que es la primera vez que voy a ser padre, necesito un poco de tiempo para asimilarlo.
-        A ver si te vas a creer que yo he sido madre ya veinte veces, chaval —sonrió Catalina. En realidad estaba bastante asustada.
-        Tranquilos tortolitos, que no pasa nada. Es la vida que sigue su curso y mi hermano se hace mayor     —dijo Marta—. Aunque viejo ya es, ya era hora     —no podía faltar su puntilla.
-        Claro, tú, como eres tan jovencita... —Silvia se echó a reír, se le había pasado la tensión del principio.
-        Tía, el primito será lindo y bueno, tendrá muchas mamis por lo que veo —dijo la chica.
Mientras, tomaban el refrigerio
-        Oye guaje, a todo esto. ¿Qué haces volviendo a juntarte con el degenerado ese de Mateo? Ese busca algo, como siempre.
Ricardo dio un respingo en la silla.
Su hermana era una calculadora humana, sabía los momentos justos para dar sus golpes precisos y este lo era, cuando más relajados estaban. Ahí salió a relucir lo que también a ella le preocupaba desde que los vio juntos.
-        Pues nada, recordábamos viejos tiempos y que sepas una cosa, Mateo es una gran persona y ya sentó la cabeza.

Catalina salió al rescate.
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