ALGUNAS DE LAS IMÁGENES AQUÍ PUBLICADAS SON DE LA RED, SI ALGUIEN DESEA QUE LAS QUITE, LO HARÉ. GRACIAS

VÍDEOS INTERESANTES

sábado, 4 de mayo de 2013

Relato LibrosVeo. La maldición del Dios

Opinión: 



Yo era un joven agraciado, con muchísima suerte, tanta que, hasta el mismo emperador me regaló un pase para visitar el Olimpo.
En esos tiempos, los Dioses se codeaban con los humanos.
Soy un médico reputado en el imperio, no hay enfermedad que se me resista y algunos decían que estoy tocado por los Dioses.
¿Cómo hacerles ver que están equivocados y lo que ellos creen magia, milagros es simplemente, haber estudiado sobre todas las materias médicas?
Tampoco me interesa mucho sacarles de su craso error, como médico de un pueblecito, prácticamente malvivía y ahora, como eminencia admirada, con honores prácticamente de Semi Dios, hasta me puedo considerar una de las personas más ricas del imperio.
El día de autos era un día feliz para mí, por fin entraría en el Olimpo y me codearía con todos los Dioses habidos y por haber, allí se mezclan todos los tiempos, todas las épocas, todos los Dioses, cual grandioso mercadillo.
Estuve hablando con varios y varias.
Todo iba muy bien hasta que pregunté  a Atenea si los Dioses conocían el miedo.
Ella me dijo que sí, que conocían el miedo y que,  todos los Dioses temían lo mismo.
Me sorprendió eso, se veía a todos los Dioses muy amistosos unos con otros pero ella me dijo que, aunque era un Dios al que temían, no era del Olimpo, era un Dios extranjero y me señaló a alguien.
Al verle me dio pena y para nada, sensación de miedo o de peligro, al contrario, se le veía calmado, por lo menos, no hacía los gestos espasmódicos de Hermes o los saltos inusitados que realizada de repente Artemisa.
Parecía un Dios tranquilo, en paz con todo y con todos.
Me volví y Atenea ya no estaba, me acerqué al personaje.
Él debió notar mi presencia porque levantó la cabeza y bajó los brazos de su nuca, me miró pero no me vio.
El Dios estaba ciego, tenía un solo ojo y estaba cerrado, sellado.
Si antes me daba mucha pena, ahora me la dio todavía más.
Le saludé y me presenté.
¾     Hola, soy Leonardo da Vinci, me invitaron a esta fiesta de los Dioses pero tú no pareces estar muy contento. Es más, eres el único que parece triste en este lugar.
¾     Mi pequeño mortal, ¿no es para estar triste el no poder ver? A pesar de tener un ojo, antes veía más que nadie en el mundo con él pero ahora tengo negada la visión.
¾     ¿Qué te sucedió? —empezaba a salir mi vena científica, como siempre.
¾     Me echaron una maldición. Me quitaron el mayor poder. El de mi ojo.
¾     Uhmm, ¿sabes una cosa? Aparte de la medicina, también soy experto en maldiciones y otras causas no naturales.
¾     Tú, un simple mortal, ¿serías capaz de anular esta maldición?
¾     Hasta ahora, ninguna se me resistió —me piqué un poco por su excepticismo hacia mí.
Él pareció evaluar eso y asintió con la cabeza.
¾     Si lo haces, te haré inmortal y te protegeré —fueron sus palabras.
¾     Bueno, nunca me había planteado ser inmortal ni nada de eso pero  sería grosero no aceptar tus regalos —le dije y empecé a estudiar mentalmente el tipo de maldición que podría tener ese desgraciado Dios.
Era de libro, no podía ser otra maldición. Una terrenal, una que podía hacer que un Dios no pudiese quitársela pero sí un humano. Yo.
El proceso fue fácil y en un minuto, el párpado del único ojo del Dios empezó a levantarse.
¾     Parece que funciona, todavía no me dijiste tu nombre —le pregunté, mientras ya casi estaba el ojo prácticamente liberado de la maldición.
¾     Soy Odín y ya veo—me dijo y empezó a lanzar por el único ojo, chorros de fuego mágico.
Un fuego mágico o celestial que fue acabando con todos y cada uno de los Dioses del Olimpo, con el Olimpo entero y que, prueba de que cumplió su promesa, yo estoy aquí.
De Odín no he vuelto a saber pero mi fe está con él, vinculados estamos.
Sé que si le vuelve a pasar algo, vendrá a mí, a que le cure.
Me gustaba Atenea, no obstante.
Publicar un comentario