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martes, 12 de febrero de 2013

Leyenda del Sábalo

Opinión: 





El caudaloso río Sagua tiene su parte más profunda al comenzar la calle Colón, antiguamente calle Real, y era aquella parte profunda del río la que los antiguos sagüeros llamaban “Charco del Sábalo”. Entre ellos había la creencia de que allí habitaba un sábalo de grandes dimensiones; muchos pescadores que lo vieron le calculaban un tamaño y peso enormes.

Era un pez que no intentaba hacer daño, jamás hizo mal a alguien y cuando estaba cerca de la orilla o en la superficie del río y se aproximaba algún hombre o animal, el ruido de las aguas denunciaba que un cuerpo de gran peso se revolvía en ella, y lentamente se alejaba, calmándose las aguas. Durante el día se ocultaba en la oscuridad que proyectaban los güines que crecían espesos en la orilla del río, o debajo del cantil que tenía el charco en su parte más profunda.

Aseguraban los vecinos que de noche se oían grandes bufidos que daba el animal al salir de las aguas. Cuando perseguía a una lisa u otro pez para alimentarse y se acercaba a la orilla por “Paso Real”, la ola o marejada que levantaba en las aguas era sorprendente. Varias personas intentaron pescar al sábalo, pero él no le hacía caso a la carnada que le tiraban.

Un día un pescador famoso, y gran nadador sagüero llamado Pepe Artigas, se propuso pescarlo, pero con un arpón. Cuando lo tuvo al alcance de su poderoso y certero brazo, el taimado sábalo le dio un coletazo al agua empapando al pescador, y lo único que este pudo lograr, fue arrancarle una gran escama, que era del tamaño de un plato pequeño.

Parece que con el transcurso de los años el sábalo, aprovechando una de las crecidas del río, se fue al mar y no se le vio más. El único recuerdo que se guarda de esta leyenda, es el nombre que se le dio a ese lugar del río: El Charco del Sábalo.
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