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martes, 4 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 22.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)




Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 22.


-¿Y ahora? Vosotros podéis dejar los caballos fuera y subir los escalones hacia las puertas pero nosotros no.

-No te preocupes amigo. Esto fue hecho por elfos como última defensa y usaban también caballos, como comprenderás los elfos amamos a los animales, no los dejaríamos a merced de esas alimañas hambrientas de sangre—hizo un gesto y articuló unas frases raras y se abrió una gran puerta en la base de la gran fortaleza. 

Esto asombró también a los defensores que habían bajado a recibirlos—entrad, hay rampas para acceder arriba.

Cuando todos hubieron entrado, volvió a gesticular y se cerró el gran portón mágico.
Muchos acudieron a recibir a sus nuevos aliados, se hicieron los saludos pertinentes a los conocidos Wlkanar y Marafox. Se atendieron a los heridos y se dieron cuenta que había alguna diferencia entre los jinetes. 
Casi todos iban más o menos vestidos igual, eran soldados del reino de Esyerol. Estaban comandados por Robert, un general.


-Vinieron los centauros a pedir ayuda pero por poco los matan en mi reino, los drogaron con la bebida que les dieron y cuando estuvieron inconscientes, los metieron en calabozos. Nuestro reino es bastante desconfiado y muy excéptico. 
Creyeron que los centauros eran los monstruos. 
Yo me indigné ante el trato que dieron a los que vinieron a avisarnos del peligro y reuní a este grupo de valientes. Rescatamos a los centauros de los calabozos con la promesa de no hacer daño a ninguno de los nuestros aunque estuviesen equivocados. Salimos a escondidas del reino y seguro que ahora somos unos forajidos—decía sir Robert.

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