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lunes, 17 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 35

Opinión: 


El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)






Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 35.


Los dos reyes entendieron que era lo único que podían hacer y empezaron a repartir órdenes y gestionar cómo irían saliendo por ese gran portón y sorprender a los atacantes de fuera con un ataque no previsto. 

Sabían de la gran cobardía de esos seres y el primer golpe sería suyo, eso estaba claro. Tenían toda la caballería intacta y a los centauros. 

Las decenas de miles de arqueros de a pie los cubrirían en la distancia y luego se irían sumando al cuerpo a cuerpo si era necesario. Aún seguían contando también con decenas de miles de aldeanos y soldados de a pie de Oristhor y de los otros dos reinos y los caballeros arqueros de Esyerol. 

Iba a ser una buena pelea. Mientras, las mujeres, viejos y niños huirían en dirección al reino de Esyerol a ver si tenían la suerte de poder llegar antes de que los monstruos fueran tras ellos. Se ultimaron planes mientras los balrogs se disponían a tirar las puertas con sus látigos.

-Hora de la verdad—dijo Kinesa—Dinarel ¿Cómo te irá?

Allí, en la gran cueva refugio de Kalaprius, este se retorcía algo nervioso en su forma de serpiente. Notaba la llegada de lo que tanto ansiaba y ese tonto elfo rubio se lo traía en bandeja. 

Cuando llegase, primero iba a torturar  a su madre delante de él para que le inundase la desesperación y luego lo haría con él. No podía matarlos o sus armas desaparecerían. Los necesitaba vivos aún para poder usar su poder bendito y poder salir por fin de su encierro en las montañas. 

Así repartiría su mal por todo el mundo y podría traer muchos más demonios que le servirían fielmente. Todo iba perfecto.
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