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jueves, 13 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 31.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)




Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 31.


-Vosotros acabad con todo lo que tengáis por delante, ya me encargo yo de estos pequeños menesteres. Recuerda, no quiero a nadie vivo. A nadie.

-¿Y el elfo rubio que buscas?—preguntó intrigado por el cambio de opinión del demonio.

-Ese problema viene hacia mí, lo presiento. Mátalos a todos—contestó y dio por cerrada la comunicación mental.

Phameas dio orden general de no respetar a nadie ya que ya no había que preocuparse del elfo rubio. Los monstruos quedaron aliviados, seguramente con la anterior orden dudasen al atacar por si mataban al que les dijeron pero ahora daba igual, podrían matar sin problemas a todos.
Las 4 escalinatas de acceso exterior a la fortaleza estaban siendo ya subidas por infinidad de monstruos, sería fácil derribar luego las puertas. Aunque llovían muchas flechas no había forma de parar esa marea de seres con un único fin, matar. 

Cuando ya casi llegaban a las puertas gritando su triunfo, uno de los hechiceros encargados de ellas lanzó un hechizo que convirtió los escalones en rampas heladas. 
Todos los monstruos empezaron a descender pero eran tantos que al hacer tope en el suelo, los demás iban trepando sobre los otros y así hicieron una cadena de escalones de monstruos que hubieran llegado a las puertas si no les hubiesen lanzado millares de flechas. 

Era el turno de los guerreros negros, los vieron acudir a las inmediaciones. 4 catapultas se dedicaron a ellos, 3 lanzaron primero recipientes de sopita aliñada con las otras delicadezas de los reinos y dieron de lleno sobre el pelotón, empezó el baile de los cíclopes, les irritaba los ojos, les quemaba y encima la nueva andanada de la cuarta catapulta los envolvía en llamas al arder el potente licor de Alcorte. 

Muchos lograron superar el margen de peligro de las catapultas y aunque alguno recibía alguna flecha irritante, eran cientos los que pudieron aprovecharse de los escalones hechos a base de criaturas muertas y llegar hasta una de las puertas. 

Los hechiceros elfos se encargaron de lanzarles toda clase de rayos eléctricos, no tuvieron ni una sola oportunidad.
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