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martes, 11 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 29.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)




Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 29


Aún no se habían repuesto de su sorpresa los allí presentes cuando empezaron a llover piedras desde la zona enemiga y los monstruos intentaban subir las escaleras. Pero la gran sorpresa fue cuando oyeron hablar a la dragona.

-Vamos elfo, el tiempo se agota, tenemos una misión que cumplir y si no mueves el culo, te cogeré yo misma entre mis garras y te llevaré—qué bonita voz tenía la dragona.

-¿Cómo subo yo ahí arriba?—señalaba al lomo del dragón blanco.

-Ahí no vas a ir, elfo. Será en mi cuello, hay un hueco en el que te puedes sentar y agarrarte—indicó impaciente Gridstyl.

Dinarel levantó el vuelo nerviosamente y buscó dónde aterrizar en el cuello de la gran dragona. Lo encontró, se sentó cuidadosamente y encontró también dónde agarrarse para no caer. Todo parecía dispuesto para la partida, mientras seguían cayendo piedras y haciendo algunas víctimas, también los defensores estaban acabando con muchísimos monstruos a base de flechas y ballestas múltiples.

La dragona empezó a aletear y antes de alzar el vuelo, Dinarel buscó con la mirada a Lisandra. 
No la vio y se preocupó, ¿la habría herido alguna piedra? ¿Dónde estaría? Iba a pedir a Gridstyl que se demorase un momento para ir a buscarla cuando notó una fuerte sacudida y de repente estaba a más de cien metros de altura y seguían subiendo, casi no podía ni respirar, se sujetó lo más fuerte que pudo y recurrió a su magia para no caerse. 

Esa magia que él aún ni controlaba ni conocía como tal, la magia del instinto.
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