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jueves, 27 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Bastión 8.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)


Los Reinos de Overlastar 2. Bastión 8.


-Métete con los de tu tamaño, elfo negro—gritó Fredic espada en ristre, era el que le había lanzado el orco.

-Puedo meterme con cualquiera, humano y más contigo que no eres nada—lanzó un hechizo de rayos pero no hizo nada al humano, este también parecía sorprendido.

-Aprovecha el escudo, Fredic—le gritó Lady Yavanna que venía lanzada hacia ellos—atácalo.
Fredic se dirigió más seguro hacia Phameas y este, ya repuesto de la sorpresa inicial, levantó su propio escudo mágico para repeler el ataque de rayos que Lady Yavanna le estaba propinando.

El elfo oscuro contraatacó y envió un conjuro de onda de choque hacia la Reina y la derribó ante la gran fuerza del choque. Ahora iría a por Fredic. Sus pies se movieron incomprensiblemente, la tierra se quebraba bajo ellos, de ahí salieron dos enanos, uno le echó un líquido a los ojos y otro más barbudo pero que gritaba como una mujer, le cortó el brazo que sujetaba la espada con su gran hacha. 

Ante tanta sorpresa y dolor, Phameas se olvidó de escudo y de todo, cegado por el líquido irritante y dolorido ante la gran herida, empezó a dar vueltas y sin querer chocó contra un saurópodo que andaba por ahí sin jinete y medio desbocado y este, que no conocía amigos o enemigos, le parió en dos de un bocado. 

Fredic acabó con el animal de una certera estocada. Ahora la pelea era más cuerpo a cuerpo que nunca pero los monstruos estaban sin control, algunos ya ni sabían por qué luchaban ni contra quién, no estaba siendo una batalla fácil y ellos no estaban hechos para plantar cara a tan poderosos soldados y guerreros enanos furiosos. 

Poco a poco la balanza se fue decantando ante las filas defensoras y también tenía mucha culpa de eso la cobardía de los monstruos, muchos ya habían empezado a huir al no tener la presión de los elfos oscuros ni el miedo a los balrogs.

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