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martes, 25 de diciembre de 2012

Los Reinos de Overlastar 2. Bastión 6.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)


Los Reinos de Overlastar 2. Bastión 6.


-Pagarás cara la traición a tu gente, elfo oscuro—dijo y lanzó un hechizo de rayos que acabó con la vida del Grulk que montaba, dejando al elfo oscuro momentáneamente desequilibrado intentando que el gran animal no le atrapase en la caída.

Volendros aprovechó para atacarle espada en mano pero el malvado era mucho más diestro y joven que él, en un par de rápidos movimientos lo desarmó y sin más le clavó un dardo envenenado en el pecho. 

Peteo al ver eso, atacó enfurecido a Phameas pero este llevaba la ventaja de la frialdad mental y lanzó un rayo hacia Peteo como señuelo mientras se lanzaba hacia un lado y le ponía la zancadilla tirándolo al suelo. Peteo se levantó herido en su orgullo y viendo la sonrisa de satisfacción en la cara del elfo oscuro.

-¿Te crees que soy uno de estos? Eres un polluelo, elfo volador, un polluelo recién salido del nido. Te cortaré las alas y luego me encargaré de tu preciosa hermana—se burlaba Phameas.

Antes que pudiera reaccionar el joven elfo ya tenía a Phameas encima lanzándole estocadas a las que solamente podía responder defensivamente, no le daba tiempo a planear un contraataque ante tal aluvión de mandobles. Se notaba sobremanera la gran experiencia del elfo oscuro.
Peteo notó una quemazón y notó cierta frialdad en su pierna izquierda, el infame le había disparado un dardo paralizante con la ballesta mientras le distraía con la espada. 

La pierna empezó a fallarle rápidamente y sus movimientos se hicieron mucho más lentos, Phameas sonrió al ver que su presa tenía los segundos contados.

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