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jueves, 13 de diciembre de 2012

Cuento de Navidad para el reto de Acompáñame. El pequeño pícaro.

Opinión: 
Bueno, yo ya hice mis deberes y preparé un cuento, o lo que sea, de Navidad.

Como ayer os anuncié, el blog ACOMPÁÑAME , ha organizado otro reto y consiste en crear un cuento de Navidad, único requisito, poner al menos una vez en dicho cuento la palabra ACOMPÁÑAME y enviarlo o a  irisamigos@hotmail.es  o dejarme el link en algún comentario de mi blog y en el del propio blog de origen ACOMPÁÑAME  y ya formaréis parte de la lista de los participantes en el reto y vuestro cuento será incluído en el libro que hagamos con todos los que se presenten. Libro que después será puesto en descarga directa, por supuesto, gratis y para todos. Esto es compartir y lo demás es politiqueo y robos bancarios.

En fin, que me lanzo al vacío y os pongo ya el cuento.

Si lo encuentro, que no sé dónde lo puse.

Se titula EL PEQUEÑO PÍCARO.




Marta comprendió muy bien a sus padres cuando le dijeron que ese año no tendrían árbol de navidad ni cena navideña, ni siquiera un par de polvorones o turrón.

Habían despedido del trabajo a su padre y su madre estaba muy enferma, tanto que nadie creía que pasase ese invierno.

Iba a ser muy mala esa navidad, muy mala.

Marta rezaba todas las noches para que su madre se sanase y esa noche pidió algo más.

Pidió que se la llevasen a ella y salvasen a su madre.

Un mal demonio inferior escuchó las súplicas de la niña y entró en acción. Quería engañarla.

-Hola Marta. ¿De verdad estás dispuesta a dar tu vida a cambio de la de tu madre?-preguntó Azrael.

-Claro que sí, ella me dio la vida y yo se la devolveré-dijo la niña resueltamente.

-Uhmm, yo puedo solucionarte eso. Acompáñame.

En eso llamaron a la puerta y la niña fue a abrir.

Azrael salió tras ella, algo frustrado por la interrupción, estaba dispuesto a acabar con quien fuese el que interrumpió su momento, llegaron a la puerta, la niña la abrió y un niño descalzo asomó su cara pícara y llena de pecas por ella.

-Hola Azrael, no tienes nada que hacer aquí.-dijo sin más el niño.

-Tú-dijo Azrael y se disolvió, no sin antes decir-Te odio y lo sabes.

-Nada-dijo el niño-no le hagas caso, es un poco gruñón.

-Pero, pero. ¿Quién eres? ¿Por qué desapareció esa persona?

-Chss. No te preocupes por nada, ya estoy yo aquí. Es Navidad y hay que pasarlo bien.-dijo el niño de la sonrisa pícara.

-No puedo, mi madre se está muriendo y mi padre se quedó sin trabajo. Ojalá pudiera dar mi vida por ella.

-No digas tonterías, cualquier vida es valiosa. Me acabo de cruzar con tu padre e iba muy contento, decía algo así como que le habían llamado de su trabajo para volver a empezar.

La niña abrió los ojos asombrada.

-¿De veras?-preguntó.

-Claro que sí y mira, te traigo esta carta que me encargó el señor cartero os la diese pero como no sé leer, me han tenido que ir diciendo dónde llegar. Es el espíritu navideño, todos están felices.

-Yo no, mi madre se muere-dijo la niña llorando.

-Chsss. Lee la carta, anda.

La niña vio que era del Hospital y se fue alegrando su cara porque ponía que se habían equivocado en el diagnóstico y que no tenía absolutamente nada de nada su madre.

-¿Ves? Es época mágica, hay que vivirla felizmente-dijo el niño.

-Gracias por traer la carta, no sabes lo que me he alegrado al leerla, se la voy a dar a mi madre ahora mismo. Por cierto. ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Jesús-dijo el niño.

De repente, la madre, que hacía mucho que no se levantaba de la cama apareció por la puerta, radiante, sin ojeras y con ropa para salir.

-¿Con quién hablas hija?-preguntó.

-Con Jesús mamá.-dijo la niña y se giró para señalarlo pero allí no había nadie.-Estaba aquí conmigo.

La madre la miró.

-Ve y vístete, vamos a comprar algunas cosas para celebrar la Navidad, he mirado la lotería y nos ha tocado un pellizquito del segundo premio.

-Pero mamá, estabas enferma.

-Sí, estaba adormilada, sin fuerzas y de repente algo me las devolvió. Me noté más viva que nunca y con ganas de hacer cosas.

Marta se asomó a la ventana y vio a Jesús que la sonreía y guiñaba un ojo y de repente, desapareció pero en el cristal  quedó escrito un  FELIZ NAVIDAD.




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