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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cosas de casa. Historia del sujetador

Opinión: 

Hoy toca un poco de cultura esencial y ¿qué más esencial que el estudio del sujetador?

En el transcurso de la historia, al aparecer o casi desaparecer el busto femenino en la indumentaria, también los pechos han desaparecido de la vista pública. Alrededor del año 2500 a.C., las mujeres de la Creta minoica, por ejemplo, llevaban unos sujetadores que alzaban los pechos desnudos superponiéndolos al resto de la indumentaria.


En cambio, en el mundo clásico, de orientación muy masculina, las mujeres griegas y romanas se ceñían el busto con una faja para reducir su volumen, moda que reintroducirían siglos más tarde los Padres de la Iglesia. De hecho, desde su aparición en Grecia hace 4500 años, el sujetador y el corsé han sido las prendas principales con las que los hombres han intentado remodelar a las mujeres a su gusto.

En ciertos períodos, se idearon dispositivos para aumentar el tamaño de unos pechos considerados inadecuados según los cánones de la época.


Los primeros anuncios públicos de lo que después se conocería como “postizos” aparecieron en París en el siglo XIX. El “perfeccionador del busto” consistía en unas almohadillas de lana que se insertaban en un corsé de ballenas. Más tarde, en aquel mismo siglo, las mujeres francesas pudieron adquirir las primeras almohadillas de goma, denominadas “pechos de limón” a causa de su forma y tamaño. Durante estas décadas, los sujetadores o sostenes eran simples ampliaciones de los corsés.

El primer sujetador moderno hizo su aparición en el año 1913, por obra de Mary Phelps Jacobs, una dama de la sociedad neoyorquina, que fue la responsable de la decadencia del corsé.

Las mujeres elegantes de la época llevaban corsés de ballenas y cordaje, que eran incómodos y dificultaban los movimientos. Sin embargo, a Mary Jacobs no le preocupaba la comodidad sino la apariencia, y en el año 1913 adquirió un carísimo vestido de noche para una fiesta de sociedad. Este vestido revelaba claramente el contorno de su corsé, por lo que la señora Jacobs, ayudada por su doncella francesa, confeccionó un sucinto sujetador sin espalda, valiéndose de dos pañuelos blancos, una cinta y un cordón. Las amigas que admiraron este improvisado modelo, tan ligero y práctico, recibieron uno como regalo, pero una carta de una desconocida, que contenía un dólar y el pedido de una de esas prendas, decidió a Mary Jacobs a presentar dibujos de su modelo ante la oficina de patentes.


En noviembre del año 1914, se le concedió una patente para el sujetador sin espalda y, ayudada por un grupo de amigas, Mary Jacobs confeccionó manualmente varios centenares de sujetadores.



Pero sin el apropiado marketing, este negocio no tardó en venirse abajo. Casualmente, Mary Jacobs fue presentada poco después a una diseñadora de la Warner Brothers Corset Company de Bridgeport, Connecticut, a la que explicó su invención y cuando esta empresa le ofreció 1.500 dólares por los derechos de patente, Mary aceptó.


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