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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Camino de Belén. Salamanca

Opinión: 

19 de diciembre


Un universitario de cadiz que estudia en la universidad de salamanca
escribe a su madre un telegrama que decia;

MAMA stop, HE SUSPENDIDO stop, PREPARA A PAPA

La madre le responde con otro que dice;

PAPA ESTA PREPARADO stop,PREPARATE TU stop

Con estos pensamientos me levanté esta mañana, mi cabra no estaba a mi lado. Creo que por eso me desperté, por el frío que tengo cuando no duerme junto a mí.

Ya no me extrañan nada sus desapariciones, ella vuelve siempre y con cara de felicidad.
Incluso, a veces, me trae algo que se habrá encontrado por ahí, una pata de ciervo, media liebre, la cabeza de un jabalí..

Tengo una cabra rara, ya lo sé pero quién dice que yo mismo no lo sea...

Si en pleno siglo 0 estoy camino de Belén para llevarle al Niño Jesús cuando nazca : MERCURIO, SONRISAS Y ESPERANZA.

En fin, empezaré mi camino y espero hacerme hoy bastantes kilómetros, ya me quedan menos días para poder cumplir mi meta de llegar antes de que nazca el niño.

Ya viene mi cabra por ahí, tan lozana, tan lustrosa, tan gorda y yo cada día más delgado, me mira con ojos lastimeros y comprendo.

Está bien, sube a mis brazos, te llevaré.

Partimos hacia donde mi buen sentido de la orientación nos indica.



La historia de Salamanca tuvo su origen en una aldea asentada en  el cerro de San Vicente sobre el río Tormes. Esto sucedió hace unos 2.700 años, durante la Primera Edad del Hierro, y desde entonces el lugar fue testigo del paso de vacceos, vettones, romanos, visigodos y musulmanes. La repoblación medieval fue llevada a cabo por Raimundo de Borgoña, yerno del rey Alfonso IV, que sentó las bases de una ciudad que tras ocho siglos acumulando arte y sabiduría ha llegado a convertirse, gracias sobre todo a su carácter universitario, en una de las capitales con mayor tradición cultural y esplendor monumental de todo el continente europeo.


En la primera Edad del Hierro un pequeño grupo de agricultores establecidos en  una decena de casas protegidas por una sencilla muralla, controlaban   el vado del río Tormes.
Cuatrocientos años después, se extendieron hasta abarcar dentro de sus límites la plataforma rocosa conocida como Teso de las Catedrales.



En el año 220 a.C., los casi cinco mil habitantes de la Salmantica prerromana asistieron al asalto protagonizado por el general cartaginés Aníbal Barca, acompañado por un exótico escuadrón  de cuarenta elefantes. Este acontecimiento, que supuso para la ciudad su entrada en la historia, fue  el anuncio de una no muy lejana conquista romana.


A finales del siglo XI, el conde francés Raimundo de Borgoña, repobló Salamanca con un nutrido grupo de gentes, entre las que predominaban francos y gallegos.
Una de las primeras medidas fue restaurar la sede episcopal, en al año 1102, en la persona del monje cluniacense Jerónimo Visque.


La Universidad alcanzo una de sus épocas de mayor esplendor, cristalizando en un poderoso y decisivo centro de irradiación cultural, que a su vez atraía a miles de estudiantes de todas las procedencias y a numerosas órdenes religiosas que buscaban el amparo intelectual y humanista de la prestigiosa institución docente.



La llegada de la democracia trajo a Salamanca, al igual que al resto de España, un largo  periodo de vertebración social y de prosperidad económica, transformándola en un auténtico emporio universitario, cultural y turístico. En 1988, la ciudad del Tormes alcanzó el reconocimiento internacional por parte de la Unesco con su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.



Ah, vuelvo a pensar cosas raras, ¿cómo va a pasar esto? A mí lo que me ocupa en este momento es llegar a Belén y ya está.

Por cierto , ¿qué hace mi cabra con un zapato en la boca?

-A ver cabra, dame eso, que te vas a indigestar, ya me dijeron que las de tu especie comen de todo. Escúpelo, vamos.

Debo estar bastante cansado y con algo de fiebre por el frío y la llovizna, me ha parecido ver que el zapato tenía dentro algo, algo que podría ser un pie, me froto los ojos y miro de nuevo.

Solo veo el zapato vacío, miro a mi cabra y se está relamiendo.

Todo va bien. Busquemos refugio para acometer mañana una nueva ruta hacia nuestro destino.
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