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domingo, 16 de diciembre de 2012

Camino de Belén. Princesa 1.

Opinión: 

16 de diciembre

No sé por qué estoy tan preocupado por los días que llevo, debería preocuparme por los días que me quedan hasta que llegue a Belén y es más, debería preocuparme sobre todo, de dónde está esa ciudad.
La ciudad donde nacerá el Niño Jesús el 25 de diciembre, por supuesto, así lo he soñado y así será.
Le llevo 3 presentes: MERCURIO, SONRISAS Y ESPERANZA.

Y de esas tengo muchas yo, tantas, que sé que voy a llegar a Belén en el plazo fijado, aún sin saber todavía por dónde se va.

Pero no pasa nada, un buen mozo que encontré al amanecer, me dijo que estaba en tierras navarras y que había escuchado que Belén vivía más al sur. Miraba mucho a mi cabra pero es que mi cabra le miraba mucho más a él.

Tal vez sea un zoófilo de esos, la alejaré cuanto antes.
Esta juventud...
Además, llevaba unas ropas muy raras y él no iba en cabra, iba en un animal muy raro que  hacía mucho ruido y no le vi la boca.
Veloz sí que era.
Me dijo que se llamaba cuad, pero los patos que yo había visto no se parecían a eso.

También me dijo que era el 16 de diciembre. Todavía tenía mucho tiempo por delante.

Gente más rara me estoy encontrando en mi viaje...

-Pues nada, para el sur que vamos. Te contaré una historia para que se nos haga menos largo el camino.

Mi cabra me miró pero poco tiempo. No sé por qué le daba por ponerse a jugar con los animalitos que veíamos por el camino pero bueno, así no la tenía que llevar en brazos mientras tanto. Claro que, venía cansada y más gorda siempre que desaparecía, eso me hacía llevarla. Lo importante era que me daba compañía y calor, a veces.

-Bueno, me contaré la historia a mí mismo.



"Había una vez un princesa de un lejano país.
Esta princesa vivía aislada de los hombres, en realidad es que ni sabía lo que era eso.
Todo lo que conocía se resumía a su dama de compañía y una sirvienta que aparecía de vez en cuando.
Un día, las escuchó una peculiar conversación:
-Pues mi hombre me ha pegado hoy-decía la dama de compañía.

¿Qué sería un hombre?

-Eso es que te quiere mucho-dijo la sirvienta-el mío me pega todos los días un poco.

-Qué bruta eres, pegar a una mujer es de cobardes-dijo la dama.

-Nuestras leyes permiten eso y lo sabes.

-Algún día esas leyes cambiarán y la mujer será igual al hombre-dijo la dama.

-¿Y para qué?-dijo la sirvienta.

-No lo sé, pero algún día eso pasará. Lo sé.

-Oye, nuestro Rey debería tener un heredero. Su hija no vale para Rey. No está permitido-dijo la sirvienta.

-Pues el Rey parece que no puede tener más descendencia, recuerda su accidente de caza y el ciervo, lo que le hizo en salvas sean las partes.

-Uy, uyy, es verdad. Desde entonces el Rey habla con la voz más fina..



La princesa escuchaba y escuchaba y de poco se enteraba.

Reyes, hombres, pegar, eso era nuevo para ella.

Por la noche intentaba pensar y soñaba con hombres pero no podía darles forma en su cabeza, nunca había visto uno.

Un buen día, el hermano de la sirvienta la suplió, aprovechó que ella estaba enferma, con fiebre y se puso sus ropas.
Tenía curiosidad de ver a la princesa, nadie la había visto más que la dama de compañía y la sirvienta.

Al verla, se enamoró de ella. No era lo que se dice una chica guapa, ni con buen cuerpo, según los cánones de la época pero era princesa y con eso sobraba.

Allí estaba ella, dormida, agitada y él no pudo contenerse.

Se desnudó rápidamente y se metió en la cama con la princesa, le hizo el amor y lo curioso es que ella ni se despertó.

Se marchó por donde vino y decidió que las princesas no servían para disfrutar.

La princesa, a los pocos meses empezó a sentirse mal y a crecerle la barriga, la dama y la sirvienta estaban asombradas.

-No puede ser...-decía la dama.



-Pues aquí no entran hombres-dijo la sirvienta.

-¿Milagro?-dijo la dama.

-¿Fallo?-dijo la sirvienta.

-No sé pero verás el Rey cuando se entere...



-Ah cabra, ya estás aquí. Hoy sí tardaste, qué gorda vienes, habrás comido mucha hierba. Pues ya no tengo más ganas de contar esta historia, mañana será, ahora lo mejor va a ser que hagamos más kilómetros y hablemos menos. Qué paisajes más bonitos.

Continuará...


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