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lunes, 10 de diciembre de 2012

Camino de Belén. Asturias

Opinión: 

10 de diciembre.

Yo, la verdad, es que no sé cómo puede estar mi cabra cada día más gorda y lustrusa y yo tan flaco y desaliñado.

En mi próxima vida querré ser cabra.
Pero nada, me tendré que conformar con la vida de ahora, de momento.

Me acerco a despedirme del buen mozo pero veo que mi cabra se me ha adelantado y está dentro de la trampa ¿ronroneando?.
Pero, no veo al mozo ahí abajo, lo mismo mi cabra le ha ayudado a escapar.

-Vamos cabra, deja de relamerte así, que no pareces una cabra. Tenemos ir hacia donde señaló ese mozo con su dedo índice.
(foto de dedo índice)

La cabra sube de un salto, dioses, cómo salta mi cabra, da gusto verla y no le salen cuernos, raro es este animal.

-Bueno, ¿me llevas hoy tú?
La cabra "bala" como siempre.
-Está bien, te llevaré yo en brazos.
La cabra ronronea. Sí es rara, sí.

-Partamos antes de que nos volvamos a dormir-dije.

Al atardecer entramos en un territorio delimitado por unas estacas con una tabla en la que ponía ASTURIAS.



-Uhm, esto sí que parece estar cerca de Belén.

Asturias no tuvo más nombre que este, pues antes de ser llamada así, no fue llamada de ningún modo. Asturias es un nombre de ascendencia protohistórica. Su origen se halla, supuestamente, en el río Astura, hoy Esla, que desciende de la cordillera asturleonesa. Por él, sus ribereños fueron llamados astures y este gentilicio lo extendieron a todos los habitantes del convento jurídico romano, que tuvo por capital Astúrica Augusta. El territorio del convento Astur, fue llamado a veces Asturia ( existiendo una Asturia Augustana y una Asturia transmontana), documentado en la Edad Media como Asturias, pero refiriéndose ya a la zona que hoy ocupa la actual provincia. Siendo su origen foramontano, Asturias no era un vocablo extraño a la lengua prerromana de la región



En el Próximo Oriente, se produjo durante la edad de Bronce una gran demanda de metales, para cuya satisfacción se llevaron a cabo extensas e intensas exploraciones navieras en todas direcciones, siendo una de ellas, la Península Ibérica, rica en cobre, plata, plomo, etc. Las referencias escritas más antiguas se refieren pues a zonas del sur peninsular, más cerca del próximo oriente, como tartessos o gádir.



El punto principal en el que se abastecían aquellos navegantes era una comarca o unas islas que en el Periplo denominaban Cassitérides, o islas de estaño, que se relacionan con las islas Británicas, por haber restos arqueológicos de explotaciones mineras de estaño en aquélla época, así como en el noroeste ibérico. Asimismo, esta navegación sirvió como vehículo para otros fenómenos culturales como la religión megalítica, cuyos principales focos se hallan precisamente en la expresada ruta. Asturias explotaba entonces minerales de estaño, cobre, hierro, plata, plomo, cinabrio y oro; y conoció el fenómeno  megalítico, prueba que no era ajena al mundo relatado en el Periplo.



Posibles habitantes de Asturias a tres pueblos: preindoeuropeos, indoeuropeos no celtas, y celtas. Estos últimos los descartaremos, porque si bien estaban presentes cuando se escribió el Periplo, fueron ellos los que sustituyeron a los Oestrímnios. Así pues, estos Oestrímnios, habitantes de Asturias, corresponden a los sucesores de los antiguos preindoeuropeos y los indoeuropeos no célticos; formando grupos más o menos fusionados.


Estos pobladores prerromanos de Asturias no se hallaba en estado de salvajismo, se dedicaban al pastoreo, la agricultura, habitaban en poblados fortificados y conocían la metalurgia del bronce y del hierro, confeccionaban joyas muy elaboradas, fabricaban recipientes de cerámica, aperos de labranza, labraban la madera y realizaban muchas otras tareas artesanas. Tenían una organización gentilicia, se regían por leyes y normas consuetudinarias y tenia su religión.


Cantaban y tocaban instrumentos musicales y tenían fiestas y competiciones atléticas. Tenían pues, a la llegada de los romanos un nivel cultural similar a los galos, germanos y demás pueblos indoeuropeos del septentrión de la época, a todos los cuales llamaban los romanos “bárbaros”.


Y bueno, ¿a mí qué me importa eso?, yo quiero llegar a Belén.

-Oiga señor lugareño-dije a un señor que estaba subido a un árbol, no sé si desde antes de vernos o después. No soy mucho de fijarme en pequeños detalles sin importancia-¿Para Belén?

-Mierda guaje, ¿qué haces con ese espantoso animal en brazos?- me dijo con acento raro.

-Bueno, no a todo el mundo le tienen que gustar las cabras-dije.

-Para mí que eso mucho de cabra no tiene, oh-me dijo.

-De donde yo vengo, las cabras son así.

-Pues guaje, no sé entonces cómo serán en tu tierra los osos...-me dijo.

-Dejémonos de fauna y flora y vayamos al grano, indícame por dónde se va a Belén.

-Yo no sé por qué, pero todos los forasteros preguntan por ella. Desde que se quedó viuda del 5º marido parece estar haciéndose famosa.

Miro al lugareño con cara de pocos amigos y dándome cuenta que está falto de alguna pieza vital en su cerebro. Opto por el antiguo método que me enseñó mi tío el druida de la mancha.

Cojo un palo, le hago una punta y lo giro, donde señale cuando se pare, ese será mi destino.

Vamos bien, señala hacia poniente de nuevo, allá vamos, mi querida cabra.

-Adiós buen lugareño, caminaremos un poco más antes que se haga de noche.

Mi cabra me mira con cara de enfado pero me sigue, esta vez silenciosa.

Cosa curiosa, no quiere que la lleve en brazos esta vez, se estará volviendo menos vaga.

Al poco, me doy cuenta que no está a mi lado y coincide con un gran grito de dolor o algo, lo mismo el lugareño se cayó del árbol, no debería haberse subido allí.

No pasa nada, mi cabra pronto vendrá y acamparemos para seguir mañana hacia Belén, un día menos para llegar.
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