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jueves, 22 de noviembre de 2012

Relatos. Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 11.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)



Los Reinos de Overlastar 2. Muchos lobos y pocos druidas 11.


Las demás tropas de Kalaprius seguían avanzando y lo mismo que antes, se encontraron con trampas, las cuales iban llenando con sus mismos cuerpos y en una de ellas cayeron varias decenas de guerreros negros, no les hubiera afectado casi nada la caída pero es que encima les cayeron saurópodos, orcos, trolls y aunque muchos pudieron salir por sus  medios, los que murieron eran muchos también y con tanto agobio los cíclopes blindados murieron prácticamente de asfixia.

Algunas trampas no tenían estacas, eran un charco de aceite y los artilleros de las bolas incendiarias las bombardeaban cuando veían que habían caído monstruos.

Muchas bajas por tan poca gente, pensaba Phameas. No debía permitir eso. De seguir así cuando llegasen al Bastión, lo iban a tener muy fácil los defensores y no era eso lo planeado. Decidió tomar cartas en el asunto y envió una veintena de elfos oscuros hacia la segunda línea de defensa e hizo un llamamiento a las tropas de que se desviasen hacia los defensores y no usasen la gran llanura repleta de trampas. Aunque el camino fuese más escarpado, sería más seguro.

Los drakorcs estaban cayendo como gorriones ante la gran puntería de los arcos de los elfos y los ballesteros. Los elfos oscuros designados se quedaron a medio camino de la defensa, ahí parados. No estaban a tiro, nadie sabía qué esperaban. 

Se destacaron un centenar de blindados, muchas catapultas y arqueros se prepararon para combatirlos con lo único que se podía hacer contra ellos, la famosa sopita. Una vez cogido el sistema, no eran demasiado difíciles de batir así. 
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