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domingo, 28 de octubre de 2012

Relatos. Los Reinos de Overlastar 2. Druidas 8.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)


Los Reinos de Overlastar 2. Druidas 8.


-Podéis hacer lo que queráis, mi deber está en esta tierra y estos bosques que me dan su energía sin pedirme nada a cambio—confesó Karel.

-Nos quedamos contigo--dijeron los demás druidas aún sabiendo que iban a morir allí, los demás lobos druida también aullaron como asintiendo.

Se hicieron las despedidas de rigor, los abrazos con cariño y la pequeña comitiva formada por 3 elfos, una druida y una loba reemprendió su camino hacia el Bastión.

Allí ya habían llegado Fredic y compañía y ya había por entonces mucho movimiento de los aldeanos, granjeros, ganaderos, mineros que habían emprendido el camino incluso antes de que llegaran ellos a sus aldeas, previo aviso de los centauros. Que por cierto, no se les veía el pelo por ninguna parte.

El Bastión Inmortal en sí mismo era una gran elevación del terreno antes de llegar al mar, acabado en un gran acantilado. 

Era un último reducto, más allá solamente había una caída de unos 400 metros hacia el bravo mar y sus rocas salientes azotadas por el fuerte oleaje. Estaba claro que por la parte del mar no podría llegar ningún ataque, solo podría llegar del frente, y enfrente tenían una gran llanura. Había algunos riscos y pequeñas colinas alrededor de ella y ahí había ido disponiendo Fredic vigías y arqueros mientras los enanos preparaban trampas de agujeros llenos de pinchos en el camino que más o menos usarían los enemigos. 

También quedaría gente ahí para avisar a aliados del peligro. Eran muy afanosos estos enanos y trabajaban sin acusar el calor ni el frío. 

No había roca que se les resistiera. Otros, más mañosos, convertían carretas en baterías lanzadoras de lanzas y flechas y de pequeñas catapultas múltiples incendiarias. Otro nuevo invento era la catapulta que lanzaba ampollas de esa sabrosa salsa hecha de guindilla, pimienta y ajo. 

El buen Genirolfo y la barbuda enana ya se ocupaban de aliñarla decentemente previo trago degustativo de la sabia enana. Una vez, se le derramó una vasija en los pies a un soldado y se quedó sin botas, tuvo que meter el pie inmediatamente en uno de los cacharros que había llenos de aceite y gracias a eso pudo salvar 4 dedos. ¿Cómo sería el estómago de los enanos? Se comentaba que podrían comerse piedras de cinabrio sin inmutarse y encima engordar.

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