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jueves, 11 de octubre de 2012

Relatos. Los Reinos de Overlastar 2. Oristhor 18.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.


(EldanYdalmaden Libro Segundo)



Los Reinos de Overlastar 2. Oristhor 18.


-A todo esto—decía Fredic--¿dónde se han metido los centauros?

-Imagino que ya han visto lo que vinieron a buscar. La explicación y la confirmación de sus temores. La llegada de la oscuridad a esta dimensión ha resultado ser cierta. Se habrán ido a la suya para seguir viviendo en paz—aclaró Linkas.

-Pues en vaya momento más oportuno—dijo la barbuda, que ya no se separaba de ellos ni por milagro.

-Lástima, no llegué a verlos—dijo el siempre soñador héroe Genirolfo, la enana le dio un pescozón para que se callase.

-¿Qué será ese humo?—decía Lisandra.

-Tenemos que esperar lo peor en estos tiempos—auguró Ankhara que procuraba tener a Peteo a la vista y este procuraba estar todo a la vista de Ankhara que podía.

Lo que provocaba la polvareda estaba cada vez más cerca y de repente Genirolfo sacó algo alargado de entre sus ropajes. Se lo puso en un ojo y apuntó hacia ese lugar.

-Son como tú—y señaló a la bella Lisandra.

Se quedaron asombrados y luego preocupados por el estado mental del enano dicharachero. No era posible que un ojo pudiera ver detalles a tanta distancia, ni siquiera el de Dinarel. El enano siguió con sus cosas.

-Hay también pequeñitos. No, enanos no, de los tuyos Lisandra—la barbuda le volvió a dar un cogotazo.

-Déjate de tonterías Genirolfo—nadie ve tan lejos.

-Con esto sí. Lo hice yo con un par de cristales que robé a un mercader—se azoró un poco el enano.

La enana se lo quitó de las manos  y se lo puso en el ojo, se cayó de espaldas agitando su pico.

-¿Cómo has metido elfos aquí dentro?—preguntaba confusa a Genirolfo.

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