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viernes, 7 de septiembre de 2012

Relatos. Los Reinos de Overlastar 2. Emboscada sorpresa 10.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.




(EldanYdalmaden Libro Segundo)

Los Reinos de Overlastar 2. Emboscada sorpresa 10.


Cabalgaron a buen paso y el amanecer se les echó encima cuando Fredic con su gran agudeza e intuición guerrera, percibió leves movimientos entre unas rocas y dio el alto. Todos pararon y miraron al potente guerrero. 

Este les indicó hacia las rocas y que estuviesen alerta. Dinarel que ya había recobrado energías sorprendió a todos alzando el vuelo y dirigiéndose hacia las rocas. No había acabado de llegar cuando le llovieron numerosos pedruscos, dos de ellos le acertaron en el pecho y le dejaron casi sin respiración. 

Linkas le cubrió con un escudo de las demás piedras y estas rebotaron sin hacerle más daño. Dinarel logró caer de pie entre sus atacantes.

-Enanos—dijo y se protegió como pudo con el escudo porque esos seres tan barbudos ya se echaban hacia él con sus hachas en ristre.

Eran 10 enanos armados hasta los dientes y Dinarel no los quería hacer daño. Seguramente eran del reino de Antarka y solamente defendían su territorio.

Lady Yavanna se echó enseguida encima del grupo y les dijo.

-Esta es la famosa hospitalidad enana supongo—un par de enanos fueron a por ella—cualquier ataque vuestro hacia mí será tomado como un acto de guerra contra Oristhor. Así que pensad antes de actuar. Soy la Reina Yavanna.

Los enanos se quedaron bloqueados y sin poder de reacción ante eso pero no bajaron las armas.

-Si tú eres la Reina de Oristhor, yo soy la Reina de Nueva Sentinel—aunque cascada, parecía haber una voz femenina bajo esa tupida barba negra plagada de fideos y alguna cosa más que no se podía definir.

-Pero so tonta, si Antarka no tiene esposa aún—saltó un enano que no se enteraba de nada.

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