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viernes, 31 de agosto de 2012

Reencuentro 2. Visita a la Isla del Zújar con Tamara.

Opinión: 
Bueno, lo previsto era ir a la Isla del Zújar al día siguiente de la llegada de Tamara a Almadén y así fue, decidimos comer allí, preparamos por la mañana las cosas, la nevera, los bocadillos, la ensalada de pasta, los refrescos, el agua, las zapatillas, toallas, bañador y procedimos a partir hacia esa zona.

Yo no las tenía todas conmigo, nunca había ido y me despistaron un poco los que me indicaron. También miré un poco en el google maps y me hice una especie de crokis con las carreteras a tomar pero no vi, como me di cuenta al final, lo que realmente importaba, el desvío real.

Así que nada, después del mediodía, partimos tranquilamente, disfrutando del paisaje hacia tierras extremeñas Tamara y yo. No teníamos prisa, si nos perdíamos, no problema, una encina y a sacar la nevera, comida llevábamos de sobras y líquidos ya que hacía mucho calor.

Después de una pequeña duda, la verdad es que no creí que fuese tan fácil y como me dijeron que tenía que ver el cartel de Isla del Zújar al poco de salir de Cabeza del Buey, tomé, en vez de por donde pone Presa del Zújar, la carretera a Almorchón, creyendo que lo de la Isla estaría más adelante y que lo otro era para ir solo al muro.


Pronto nos dimos cuenta de que me estaba colando y bueno, decidimos ir un poquillo más adelante, había un castillo derruido a la izquiera y Tamara le iba a echar unas fotillos.



Cuando vimos un pueblo, decidimos hacer el cambio de sentido y volver hacia el desvío de la Presa del Zújar.

Nos metimos por ahí y vimos la "Recta de las Golondrinas", unos 20 km de larga recta, casi sin arcén pero bueno, hay poca circulación y si la hay, la gente va tranquila, un adelantamiento a gran velocidad puede acabar en salirte fuera de la calzada y posterior derrape o algo. Mejor ir tranquilito, total, es un día de relax, de playa.

Tras esa larga recta, se acaba y se llega a un cruce, al frente vemos el muro de piedra con  entradas y en el muro pone, Isla del Zújar.


Ya hemos llegado, le digo a Tamara, como si yo supiese realmente dónde estábamos. Ella me mira y pensaría, Pues sí, vale.

Entramos al recinto y al fondo a la derecha se ve el muro de la Presa del Zújar.



Nosotros seguimos por el carreterín de grava bacheado hasta que llegamos al complejo en sí y buscamos dónde aparcar a la sombrita.

Luego nos dimos una vuelta sin nada para ver por dónde podíamos quedarnos a tomar el sol y comer.

Tras verlo, fuimos a por la nevera y las cosas.

Cogimos un sitio a la sombra, una sombra portátil, ya que cuando el sol se iba moviendo, nosotros también.
Cambiamos de sitio 20 veces pero nos reímos, a Tamara le picó un tábano y creo que, aún le pica...


La gente disfrutaba del día, del sitio y del agua. Poco a poco empezaron a llegar más y bueno, sobre las 4 de la tarde, se notó que la gente de cerca tenía ya cogida la  hora para ir después de comer.

Se veían algunos piraguistas y la verdad, es que moral tenían pero técnica ni una, ¿véis esos eucaliptus a la derecha? pues es lo que usaban para girar porque no sabían con los remos y el cuerpo, apoyaban la pala en la tierra de la orilla y todo recto hacia el fondo :) . Yo también sé hacer eso, lo que no me gusta es el agua.
Creo sería buen piraguista, de gustarme meterme en el agua, anda que no he paleado yo arena, el agua es más blanda, está chupao.

Y nada, lectores míos, que Tamara y yo, nos reímos mucho, nos dimos cremita, anécdota, pues que la piel de Tamara se parecía al darle crema a la del Edward, el vampiro de crepúsculo cuando le daba el sol, blanquita y brillante como con diamantes. Y yo, bueno, que me puse las piernas rojas, no me puse bronceador ahí. A la noche parecía una perdiz :). Cosas mías, claro.

Al atardecer decidimos volver a casa, el día en la Isla había concluido y bien.
Bueno, relajamos un poquillo, duchamos (cada uno por su lado) y nos fuimos a tomar un helado a la Heladería La Valenciana.

A la noche salimos un ratito por el pueblo, a tomar algo y el fresco. Todo bien por mi parte, Tamara no sé que dirá sobre el día, lo mismo acabó harta o diciendo: ¿dónde me he metido?

No pasa nada, su sonrisa lo decía todo.


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