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jueves, 12 de julio de 2012

Visita de Tamara a Almadén. Embalse de la Serena, Puente Garlitos.

Opinión: 
Y llegó el segundo día de la visita de Tamara a Almadén y su zona.

Un choque generacional sin precedentes.
El uno, de la era del Pleistoceno y la otra, del siglo XXI.
El uno, de una zona con mucha historia, actualmente de capa caída, y la otra, de una zona muy moderna, en expansión constante.

Pero bueno, la amistad no tiene épocas ni historias, simplemente, surge. En nuestro caso, mana sin cesar.
A veces me siento como el abuelito de Tamy y otras como uno de sus alumnos porque también tengo yo lo mío, soy muy crío la mayoría de las veces y se tiene que ir detrás de mí para que no líe alguna como mi tocayo Daniel el Travieso.


El día de su vuelta a Madrid, la cosa se intuía un poco agitada y bueno, mi calma se tambaleaba al querer mostrarle cosas pero al mismo tiempo, pensando en que no podíamos entretenernos mucho porque por la tarde tenía que viajar ella hacia Madrid.

Como le dije que la llevaría a ver el Pantano de la Serena, así lo hice pero no fuimos muy lejos, la cola de la presa está aquí cerca y como ella se iba, no podíamos ir hacia el muro, no quería darle ese palizón de viaje.
Decidí mostrarle un poquito, la llevé hasta el Puente de Garlitos y allí vio una parte del pantano, agua, no mucha, ha bajado ostensiblemente el nivel de aguas por los dos años de sequía y por los riegos que se hacen en la caída de la presa.





También fuimos al embarcadero de Peñalsordo pero tal vez, al ser viernes por la mañana, no era fácil hubiese movimiento aún, y así fue, no había, solo unos jilgueros en los árboles y algunos trabajadores poniendo señales de no aparcar.





Y nada, Tamara volvió a disfrutar y por lo tanto, yo también.

Nos volvimos para Almadén y comimos, dije que descansase para luego hacer su viaje de vuelta pero......
Ay pero..... se me hacía muy corto y no me atrevía  a decirle que si podía estar un día más, que había visto pocas cosas. No me atrevía por si ella, a pesar de disfrutar, tenía ganas ya de irse, total, aquí hay poca cosa, no se parece en nada a Madrid y a la larga resulta muy aburrido.

Pero sutilmente me atreví, dejé caer la idea del Castillo de la Puebla de Alcocer y ella estuvo receptiva.

"Oye Tamara, mira, si quieres irte a las 7, debemos ir preparando tu vuelta" " "Nos podemos pasar por las ruinas de Sisapo y ves la ciudad romana, de camino" "Pero se te puede hacer tarde, tal vez lo mejor sea que no vayamos ahí ya"
"Pero podemos hacer otra cosa, sin prisas, vamos ahora, cuando caiga un poco la tarde, echamos unas fotos y mañana, por la mañana, visitamos el Castillo de la Puebla de Alcocer"

Ella sonrió, me miró. Me dijo "¿Tú qué quieres?"
Le dije, "yo lo que tú quieras, eres mi invitada"
Volvió a decir, "Pero, ¿qué quieres tú?

"Que te quedes, claro está"

"Pues ya está"-dijo ella. "Mañana vamos al castillo ese, sabes que me gustan mucho"

Y nada, por la tarde del viernes fuimos a Sisapo, en la Bienvenida, a ver las ruinas de esa antigua ciudad romana situada en el Valle de Alcudia.
Pero eso ya os lo cuento mañana.
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