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jueves, 26 de julio de 2012

Relatos. Los Reinos de Overlastar 2. Capturando alimañas 7.

Opinión: 

El malvado Kalaprius quiere imponer su dominio en el mundo acompañado por todos los seres malvados que existen y que él mismo pervierte con su poder oscuro. Un mundo en el que tanto los demonios y los habitantes perversos no pueden tener cabida, para evitar eso, las demás razas que quieren la paz, deben unirse para la guerra.
Un frenético choque entre el bien y el mal con personajes de lo más variopinto.




(EldanYdalmaden Libro Segundo)


Los Reinos de Overlastar 2. Capturando alimañas 7.


-Me río asquerosos engendros porque no habéis pensado que tenemos armas y que están cortan muy bien las redes. Porque os estáis comiendo al oso antes de cazarlo y porque los cazados sois vosotros—dijo Fredic saliendo como por arte de magia de la red, Dinarel hizo lo mismo, esas redes no podían nada ante sus espadas. Rendíos o morid. Particularmente preferiría que no os rindierais.

Al principio cundió un poco de pánico entre los bichos pero luego se rehicieron.

-Estúpido humano, ¿te has parado a contar cuántos somos?—masculló el drakorc.

-Yo sí—saltó un goblin esquelético—somos 28 contra 4—este bicho aparte que veía doble no tenía ni idea de contar.

-Creo que sois 50 en verdad pequeñas alimañas—se burló Dinarel—pero os hacen falta otros 50 para despeinarnos.

-Queremos al elfo vivo, recordad—gritó el drakorc lanzando su ataque hacia Fredic y los demás lo secundaron. Pero claro, dejaron a Dinarel sin enemigos. Estos monstruos….


Aún así Fredic no tenía mayor problema en deshacerse de semejantes seres. En un par de diestros movimientos basados en estocadas, codazos, puntapiés y cabezazos se quedó prácticamente solo y Dinarel también había dado cuenta ya de unos cuantos goblins que se quedaron rezagados para atacar por la espalda al humano. Snargull tuvo que participar, se estaba corriendo el riesgo de que no quedase ninguna alimaña a la que capturar. Lanzó 2 dardos paralizantes al drakorc. Este sería un buen elemento como prueba. No pudo salvar a más, Peteo también se había sumado a la fiesta y bueno, esta pequeña escaramuza les serviría de entrenamiento. En pocos minutos no quedó títere con cabeza en ese lugar y todos partieron hacia el poblado con su nueva adquisición. El drakorc. Lo llevaban bien atadito de las alas para que no se le ocurriese levantar el vuelo si se pasaban los efectos paralizantes. El gnomo nunca había probado sus dardos con esos bichos y no sabía cuánto podría durar el efecto.

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