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miércoles, 20 de junio de 2012

Ateo de amor 2. Boda inesperada. 10

Opinión: 





CAPÍTULO 10

Pararon en una gasolinera y entraron, no sin antes dejar Konrad la gorra en el asiento trasero.


. -Bueno, por esta vez, dejaré te la quites.

. -No te pases pelirroja, todo tiene un límite.

. -Soy la jefa, ¿recuerdas?

. -Por desgracia lo recuerdo demasiado bien.

. -Pues a callar, guapo.


Konrad volvió a gruñir, de nuevo ella llevaba el mando y eso lo descolocaba.


. -¿Qué desean los señores?-dijo el empleado de la gasolinera, mirando con admiración a Katia.

. -Puedo llevar más escote, ¿eh? Pero viendo que con tan poco te quedas así de embobado, seguiré con este.-dijo la chica, dejando al empleado más absorto aún.
. -Yo quiero un refresco, lomás frío que tengas y tú deberí
as tomarte otro o ponértelo en alguna parte, amigo-dijo Konrad y el empleado se puso más colorado si cabe.

. -Ejem, ¿y la señora?

. -Yo, un helado. Nata y fresa, si puede ser.



Alempleado solo le quedó decir (y si no hay, voy donde sea a por él, guapa) pero solo dijo.


. -Por supuesto.


Y se dirigió al congelador.


. -Ahora se olvida de mi refresco, seguro-dijo Konrad.
. -La jefa es la jefa-sonrió ella.


El chico volvió con el helado y se quedó parado viendo cómo ella lo saboreaba.


. -Ejem...-dijo Konrad.


El chico pareció recordar algo.


. -Voy por el refresco, un momento.

. -Vaya por dios, ahora querrá que hagas una pausa para no 
perderse verte tomarte el helado.

. -La hago si hace falta ¿eh? Y ledigo me limpie la comisura de los labios, o ¿prefieres hacerlo tú con los tuyos?coqueteó ella de nuevo, sabiendo que este Konrad no era el de antes, algo le pasaba. Podía con él, notaba su nerviosismo.


Konrad no dijo nada, fue tras el chico y le cogió el refresco de las manos.


. -Me lo tomaré fuera-dijo solamente.

. -Hombres....-dijo la chica-¿qué te debo, guapetón?

. -Er, er, esto....invita la casa.

. -Uy, muchas gracias-dijo ella, dándole un beso en la frente y dejándole la marca del pintalabios.


La chica salió,contoneándose como solo ella sabía, es más, ni se daba cuenta ella misma de sus movimientos, eran naturales, tales como los de los felinos, era instinto animal su andar.


El empleado tragó saliva.


Katia y Konrad partieron y al poco entró a la gasolinera 
otro cliente.


Un cliente que se partió de risa al ver en la frente del empleado la marca de labios bien plasmada.


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