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sábado, 12 de mayo de 2012

Crónica de una operación. Pabernos matao¡¡¡¡

Opinión: 




CRÓNICA DE UNA OPERACIÓN.


Puertollano.
4:30 P.M.
Entrego mi volante médico para intervención quirúrgica (no os alegréis, no me voy a morir, ni me cortaron la cabeza).


Me lo recoge la enfermera de la entrada y dice.


-Vale, ya te tengo. Siéntate y espera, no tardarán en llamarte.


Digo.


-Vale, adiós.


-¿Cómo que adiós? ¿Dónde vas?


-A mi casa.-digo.


-Ah no, tú ya no te escapas. Siéntate.


Ains, mi madre siempre dijo que hiciera caso a los que lleven uniformes pero es que ese uniforme era muy feo, o me lo pareció a mí en esos momentos.


En fin, no puedo decir que no a una mujer, y menos si tiene cara mala leche, así que me senté, gruñendo, como siempre y esperando un momento de despiste para escaparme.


Veo mi oportunidad, la enfermera se despista para hablar con la del kiosko, la pelirroja y me incorporo, aparece el celador y empieza a nombrar gente, me pongo pálido.
Termina.



-No me ha nombrao, qué bien. Lo mismo se olvidó de mí.


Veo que la enfermera me mira y silbo, haciéndome el despistao, me siento y busco mi oportunidad, lástima que solo haya una vía de escape... y bueno, que esa enfermera parezca Rambo pero lleno de esteroides hasta el moño.




Que nada, que a la media hora, siento que llega mi tiempo.


Me levanto, la enfermera me mira con cara de Don Zicuta y me acerco a ella.


-¿El servicio, por favor?


Me indica y haciéndose la despistada, me sigue.


Entro, me mojo la cara, y me miro al espejo.


-Madre mía, si tengo esta cara de muerto ahora, no me quiero ni imaginar cuando me estén cortando en rodajitas...


Salgo y la enfermera se hace la disimulada mirando las musarañas, estaba ahí, al lado de la puerta...


Intento salir corriendo pero ella es más lista, tiene un botón escondido y se cierran las puertas solas.


Me sonríe con cara de Zapatero y la Sinde juntos cuando iban a aprobar el decreto para la SGAE.






Silbo, haciéndome el despistado también y me voy a mi sitio.


Sudo, los otros abrigados hasta el cuello y yo sudo.


Me dice una enfermera morena que si soy del norte.
Ainss, ¿con que con esas?


-Del norte de Sevilla, maja-le digo irónicamente y ella empieza a afilar un bisturí, o eso me pareció a mí.


Veo bisturíes por todas partes.


Media hora después, he ido ganando terreno centímetro a centímetro para acercarme al botón de apertura, cuando creo que ya sé cómo funciona, viene el celador con la "lista negra".
Nombra a otros cuatro y suspiro.


Sonrío a la enfermera con aires de victoria.


-Tú vas en la última tanda y eres el número 13, el último de los intervenidos por hoy-se notaba que disfutraba torturándome.


-Ah-digo-el 13, bonito número por cierto. ¿Se suelen averiar mucho los quirófanos?


-La última vez creo que dicen fue en 1914. Desde entonces, ni un fallo hemos tenido-se sigue ufanando.


-Soy un tío con suerte, veo..


-Ni te lo puedes imaginar, menos mal que estaba yo por aquí-dice ella, como dándome a entender, gracias a mí, tú no te escapas hoy.


-Sí, sí, ya veo, la próxima vez, preguntaré por usted para que me toque a su hora..-ironicé un poco.


-Te tengo anotado, si alguna vez vienes, me avisarán.


-Joerrrr ( con perdón), esta mujer tiene atracción fatal contra mí.


Pero digo.


-Qué atenta por su parte, gracias.


Esta vez ni media hora, tres cuartos de hora después, cuando yo ya tenía el dedo casi en el botón, aparece el celador, ya sin lista ni na. Estaba fácil la cuenta.


-Tú, te toca.


Miro para todas partes...


-¿Yo?. ¿No hay más?


La sala estaba vacía.


-Vamos, te tienes que cambiar-dice el celador, si la otra era Rambo harta de esteroides, este era Schwarzenegger vestido de celador y harto de hormonas del crecimiento.






Nos encaminamos al cuarto para cambiarme y noto que me echan la llave por fuera.


-Cuando acabes avisa-me dice.


-Puffff, ni ventana hay para escaparme.


Me quito mi ropa, me quedo en gayumbos y ale, a ponerme la chaqueta, no me estaba muy mal, el pantalón, cabían  7 Cantinflas dentro, me lo arremango, me arremango también de la cintura, me lo ato fuerte, me pongo el gorro plástico y las zapatillas plástico.






Salgo y el celador se parte de risa.
Gruño.


-¿Algo de metal?-pregunta.


-Tengo una placa en la cabeza-digo por si cuela y me anulan la operación.


El tío saca un cacharro de esos que venden en los chinos para encontrar metal si taladras paredes y me lo pasa por la cabeza.


-Limpio-dice.-A la sala 4-y se espera a que camine para perseguirme.


Llegamos y me están esperando en la puerta 2 chicas y un hombre que tiene puesto CIRUJANO en el traje, bueno, ellas también, luego me fijé.


-Anda, ya viene el número 13-dice el CIRUJANO-no soy supersticioso pero tiene guasa, nunca habíamos operado a 13 en un mismo día.


-Si hace falta, vengo mañana, no sea esté cansado-digo.


-No, no, si yo no te voy a operar, serán mis becarias.


Eso ya me va gustando más, becarias..... no serán como las del Clinto ese.....


-Venga, bienvenido al matadero-me dice el doctor.


-Leche¡¡¡¡ que eso ha sido un golpe bajo-pienso, me olvido de becarias y de todo.


-Venga, échate boca abajo.


-Mal empezamos- pienso-así no los podré vigilar.


-Te va a doler un poco-me dice una.-me pongo una mano en el culo automáticamente.


Noto un gran pinchazo, no en el culo, claro está, y luego varios más.


Me dice la chica.


-Si te duele, avisa.


-No, ya no-digo.


Veo que el CIRUJANO le pasa un bisturí, esta vez no lo soñé a la chica.


Otra vez.


-Si te duele, avisa.


Dolía un poquillo pero bueno, me estaba entrando un sueñecito... y luego es que veía a la otra enfermera y se me quitó todo el miedo. Joer, es que me enamoro yo con na.


Sigo notando pinchacitos y que cosen pero nada, que como si me cortan la cabeza.


Dicen.


-Ya está.


Digo.
-¿Ya? Yo creo que me está saliendo otro en otro lao...


Ni caso me hacen.


-Ya te puedes ir-dice el CIRUJANO y me bajo de la camilla. Salgo del quirófano con el tío ese al lao y yo mirando hacia detrás poniendo la cara de Marco cuando su madre se fue a los Andes.




Y el tío nada, que no paraba de hablarme mientras íbamos por el pasillo, me tenía mareao.


Sale el celador de una habitación.


Me mira.


Pienso.


-No....


Dice.


-Tenemos un problema-y me mira.


-Pufff. Lo mismo me llevan otra vez allí, qué bien.


-Le han llevado los zapatos al otro señor que se operó pero es que se confundieron y le han dado los tuyos. Espera un poquillo aquí y te los traigo.


-Vamos ,no me j.....s. ¿Ahora a esperar más?


Después de 5 minutos aguantando al CIRUJANO, conoce mi pueblo mejor que yo por lo que se ve, aparece el CELADOR con unos zapatos.


-No son esos los míos-digo.


-¿No?, pues el señor ese dice que no le cabían en los pies y pensamos que como eres más bajo, serían tuyos.


-Es que la anestesia engordará, seguramente-digo-sobre todo los pies.


El CELADOR me mira con cara de mala leche y entiendo la indirecta.


Choco las manos al CIRUJANO, le doy las gracias y le digo que si lo veo de nuevo, que sea en otro sitio, en un bar o algo.


Y me piré.


FIN.



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